DE MOMENTO GANO YO...

El día 5 de diciembre me hicieron un TAC en el que por lo visto detallan una necrosis central del tumor. Se está muriendo por dentro. El oncólogo está muy contento, y se le nota en la cara cuando dice alguna cosa así.

Evidentemente, si él está contento, yo tengo que estarlo también, pero no puedo evitar ese ligero toque de escepticismo que me caracteriza. Lo bueno, y así he de reconocerlo, es que me encuentro bien (obviando algunos jamacucos de dolor de tripa que me dan algunas veces). Y eso es lo que importa.

Sería muy bueno que me encontrase bien en esencia, al menos tanto como en presencia, pero eso es más difícil. Hace ya muchos años que se abrieron frentes que ya no se pueden cerrar, y que aún son hostiles. Quién más, quién menos, tiene una paz armada en su vida, aunque no quieran reconocerlo.

De las muchas batallas que tengo en mi vida, algunas las gano y otras las pierdo. La guerra y la lucha siguen ahí, y algunas las aceptaré y viviré en ese ambiente como si fuese lo más normal del mundo; otras, aunque yo quiera vivirlas de esa misma manera no podré, porque me estarán minando y bombardeando el camino continuamente. Pero yo buscaré otros alternativos.

Pero esta batalla la he ganado yo y espero ganar otra en enero o febrero, y después, los que saben de estas cosas de tumores y de quimioterapia, ya me dirán a qué campo tengo que ir, pero de momento me quedo aquí un tiempo más.

UN PEQUEÑO ADIOS

El jueves de la semana pasada, el día después de la huelga general del 15 de noviembre, mi tío se murió. Se murió, así, con un pronombre reflexivo. Se murió a sí mismo. Se apagó por la noche después de cenar, ver la tele e irse a dormir.

No me gustan otras formas de decirlo. Falleció es muy impersonal y distante. Faltó me parece incorrecto. No faltó, estaba allí. No faltó el respeto a nadie. No dejó de acudir a ningún lado. No estaba ausente, estaba presente. Las personas se mueren, salvo que se suiciden o las maten.

Realmente no pasé demasiado tiempo con él a partir de la adolescencia; no por nada si no porque tampoco es que seamos una familia con mucha tendencia a verse con regularidad. Sé que nació en Vejorís, un pueblo de 140 habitantes del interior de Cantabria (al que dedicó un libro) y cuna de Francisco de Quevedo. Toda la vida le conocí con poco pelo, pero he visto alguna foto de cuando era chiquitín con unos tirabuzones rubios y creo que le sacaban en el Belén del pueblo como Niño Jesús (está bien una sonrisa en estos momentos).

Fumador empedernido durante casi toda su vida y mal comedor, aunque de gustos refinados (aún recuerdo el sabor de los caracoles y del queso de Gruyere). Poco amante del deporte, salvo de los partidos de futbol en la televisión o en algún bar con mis padres y mi tía, y con alguna cervecita.

Se quedó a una asignatura para licenciarse en Filosofía y Letras, ya que en aquella época si alguien se colocaba en algún puesto de trabajo dejaba los estudios de lado. Pero no por ello abandonó lo que le gustaba, pues fué un gran estudioso de Miguel de Unamuno, su vida y su obra.

Creo que fue de esas personas discretas que igual que han vivido se han muerto. No creo que haya más que decir, salvo que... en fin... yo firmaría donde fuese por tener un final así.



MALDITO MIERCOLES

Odio las huelgas generales. Las dos últimas me las he pasado en el hospital. Si no recuerdo mal, la anterior se hizo el 29 de septiembre de 2010, y yo ya llevaba 12 días en el hospital, con una bajada de defensas de caballo, trasfusiones de sangre, ascitis y una supuesta carcinomatosis que se había desarrollado durante el postoperatorio de la cirugía del 12 de agosto... y ese día me ponían el segundo ciclo de quimio de adriamicina.

Dos años después, el 14 de noviembre, yo estoy en casa con un fuerte dolor abdominal, con espasmos cada vez mayores. La doctora que acudió de Sanitas, y con muy buen criterio, no me pudo hacer nada más que recomendarnos ir de urgencias, debido a mis antecedentes.

El problema era qué hacíamos con Héctor. Ya se va haciendo mayor y se va dando más cuenta de las cosas y no quería irse a casa de nadie. Quería estar con nootros.

Al final nos fuimos los tres para allá, en coche porque no me podía esperar a la ambulancia  Me atendieron como siempre, nada más llegar, con la suerte de que además estaban el Dr. Pascual y Amparo Ferrandis. Rápidamente me sacaron sangre, me tomaron las constantes, me hicieron unas placas cuando el olor cedió y la sospecha era una parada intestinal provocada por una PUTA NARANJA QUE ME HABIA COMIDO DOS DIAS ANTES!!!!

La muy estúpida comenzó a salir por el agujero de la tripa. Ya las había comido antes pero no me había pasado nada, pero el que juega con fuego se quema. Me hizo el mismo efecto que cuando comía manzanas en ayunas, que son muy sanas, por la otra punta.

En fin, que la dichosa naranja me ha tenido en ayunas y con suero 24 horas en el hospital, ayer a base de líquidos y hoy puedo tomar purés para mañana poder comer, con cuidado, algo sólido.

Lo peor de todo fue el susto que me llevé. El miedo tan horrible que me entró cuando comencé a oir que no comiera ni bebiera nada y empezaron a buscarme cama en la planta de cirugía. El miedo que pasé en el coche cuando pensaba que era el final. Y algún día ese final llegará, no sé si en forma de dolor, sangrado o fiebre, pero creo que nunca me va a pillar preparada. Ni  mí ni a nadie, por mucho que se tenga aceptada la enfermedad. De cara al exterior pàrezco muy valiente. He desarrollado una gran habilidad para teorizar y comportarme.

Supongo también que el tiempo que pase llorando o quejándome es tiempo que pierdo de pasarlo bien. Aunque últimamente, no sé si por el cambio de tiempo, los días más cortos o qué pero me siento más vulnerable, débil. Pero no quiero parar, no quiero.

PROYECTO AURORA

Como ya he comentado anteriormente, el desarrollo de las redes sociales ha hecho que mucha gente que no se veía en años se haya reencontrado... o haya encontrado trabajo, se haya sentido más acompañado en la lejanía o la enfermedad. Y gracia en este caso a Facebook, mi promoción del colegio Ramón y Cajal de Madrid, nos hemos reunido ya cuatro veces. Yo he acudido a dos de esas reuniones, pero me consta que tanto en esas dos ocasiones como en las dos en las que no acudí, fueron un éxito de crítica y público.

Y cosas que en principio pasarían desapercibidas se han convertido en solidarias. Dos compañeros y una amiga han publicado obras; dos novelas y un cuento solidario. Así, la compra que pudiesen hacer la familia y los amigos más cercanos, se se hizo mas extensa cuando nos lo comentaron a los antiguos compañeros.

Un día, en la sala de espera del IVO (Instituto Valenciano de Oncología), estaba sentado al lado mío un señor que tenía sobre sus rodillas un libro titulado Proyecto Aurora. Me quedé muy sorprendida ya que era el libro que había escrito Luis. Me dirijo al señor y le comento que si por favor me deja echar un vistazo al libro porque lo había escrito un amigo mío del colegio. El señor levanta la cabeza muy sorprendido y me comenta "es mi sobrino".

Una vez más yo no me lo podía creer. Sólo con la cantidad de gente que había allí, la cantidad de gente que hay en aquél hospital y lo grande que es Valencia, ir a preguntar al tío de un compañero de Madrid.

PI, THOMAS Y SARA

Terminada la carrera y pasando algún año más me marché a Málaga unos días a ver a mi amiga Pi, que había sido destinada allí al aprobar unas oposiciones. Además había conocido a una chico al que me quería presentar y al que yo tenía curiosidad por conocer. Nos vamos a su casa y cuando estábamos en el comedor hablamos de muchas cosas y de nuevo volvió a salir la conversación de Santander y los Picos de Europa. Y entonces, en su acento escocés, me dice que él conoce un pueblo por allí llamado Cosgaya y que estuvo allí en la casa de una amiga que se llama Sara. Miro encima de la mesa donde había unas fotos esparcidas y allí estaba, Sara.

Unos años después, Pi y Thomas vinieron a pasar unos días de verano a los Picos de Europa, y una noche tuvieron que pasar a saludar a casa de esta chica, ya que Thomas había estado, en su momento, pasando unos días en esa casa, y además Sara le conseguía bastante trabajo de traducciones. No solo era un compromiso social o de amistad, sino también de interés, y además me parece de lo más normal del mundo. 

El problema era que a mis padres no les gustaba esta familia, por que a no se quién no le gusta y a no sé quién tampoco y a mi madre le parecía horrible que aquél escocés que se comía sus bombones se codeara con aquella gente.

Y una se pregunta: ¿cómo un escocés que vive en Málaga y sale con una manchega amiga de una madrileña, conoce a una chica de Barcelona, cuyos padres viven en un minúsculo pueblo de los Picos de Europa?

Madrid, Barcelona, Ciudad Real y Cantabria enlazadas por un escocés. El mundo es muy pequeño.

GEMA

Creo que fue el mismo año en el que conocí a Dorita cuando conocí a Gema. Estaba saliendo con un amigo conocido mío (Manolo). Una noche de copas comenté que un fin de semana próximo no iba a estar en Madrid pues me iba a Santander a la boda de mi tío. Cuando al continuar la conversación comenté que no se casaba en el mismo Santander si no en un pueblo cercano, en la Vega de Pas, me dijo con gran sorpresa para mi, que su familia era de ese pueblo y que conocía a Rosa (la que se iba a casar con mi tío), pues su tía era vecina suya. No le hice demasiado caso, pues era una chica un poco fantasiosa, pero con el tiempo resultó que sí, que era verdad.

DORITA

La primera casualidad curiosa que recuerdo fue en los años 80, cuando estaba en cuarto de Veterinaria. Me fui con Cristina a pasar unos días a Granada. Ella era de Almería y se había echado un noviete que estudiaba en Granada. Se llamaba Jorge y creo que su amigo se llamaba Pedro. Vivían en un apartamento muy curioso en la calle Duquesa 21 (es curioso los datos inútiles que se pueden llegar a retener). Era una casa típica granadina rehabilitada, en la que el patio interior era el distribuidor de los distintos apartamentos. Entre las muchas cosas de las que hablamos entre fiesta y fiesta salió a relucir que mi familia materna era de Santander y que veraneaba en Cosgaya, un pequeño pueblo de los Picos de Europa. Dudo que ese peblo tenga más de 50  habitantes empadronados. Y van y me dicen que tienen una amiga en Granada estudiando la carrera de traductora, que se llama Dorita y que es de ese pueblo. Una noche de farra nos la encontramos y ninguna de las dos daba crédito. Habíamos coincidido en tiempo y espacio en dicho pueblo y en Potes; habíamos tomado copas con la misma gente y en los mismos bares y ninguna de las dos recordaba haber visto a la otra. Hay que reseñar una vez más que eran los años 80 y ambas éramos de lo más estrambóticas, no pasábamos desapercibidas. Y nunca más nos hemos vuelto a ver.








NO SE PERMITE NINGUN ERROR...

Esta mañana he estado el IVO para un análisis rutinario. Eso conlleva darse un madrugón y salir de casa de noche. Ese no es el problema mayor, ya que hay mucha gente que se levanta y va a trabajar a esas horas cada día y no pasa nada. El problema es que casi todas las personas que vamos allí, aunque tengamos buen aspecto, tenemos algo dentro quenos da miedo y que nos puede matar. Somos vulnerables y nos cuesta más hacer cosas cotidianas.

Cuando comencé este nuevo tratamiento, el día 10 de octubre, quedé con el oncólogo en que el día 23 acudiría al hospital para hacer un hemograma de control y pasar por consulta. Y pondría la mano en el fuego y no me quemaría si me apuesto que oí la palabra hemograma. Me extrañó, ya que habíamos hablado de la posible hapatotoxicidad del tratamiento. pero pensé que, al ser más o menos el día medio del ciclo, sería para mirar las defensas. 

Por otro lado, había quedado con la psicóloga con la que había estado en primavera con las sesiones de mindfulness en que este mismo día hablaríamos de que me había parecido la sesión conjunta del mes pasado.

Pues bien. Me planto en el hospital a las 8 de la mañana, me sacan no sé cuantos tubos de sangre y cuando le digo a la supervisora de enfermeras que sólo es para un hemograma y que no tengo volante, también le extraña, pero no se plantea preguntar al médico ni por supuesto guardar una muestra de sangre por si en un momento dado hace falta para algo, como es este caso mío. Cuando me llaman para pasar a consulta me dicen que como es que han tachado la bioquímica y que tengo que volver al día siguiente. Por supuesto no es error del médico, es error del paciente, que se fastidia y vuelve a pegarse el madrugón padre al día siguiente, porque nadie tiene la idea de que se puede guardar sangre.

Entre la extracción de sangre y la consulta me paso por psicología para hablar con Rocío, tal y como habíamos quedado y cuando me ve me dice que se le había olvidado, que se iba a hacer una visita a domicilio y que le sabía muy mal haberme hecho ir para nada. Y yo le digo que no pasa nada, que había tenido que ir para otra cosa y no sólo a eso.

Cuando doy la explicación al médico de por qué sólo me han hecho un hemograma, me contesta que ha debido ser un error mío, que lo he entendido mal... y yo que no quiero más problemas en mi vida asumo el error. A sabiendas de que el problema no he sido yo ni mis entendederas, asumo el error. A sabiendas de que es más fácil arreglar el problema de la analítica guardando un tubo de sangre de los pacientes durante unas horas, asumo el error. Asumo que la psicóloga no recordara la cita conmigo. Lo asumo todo a costa de mis horas de sueño. El paciente asume todo y pacientemente espera a que le digan algo bueno.







CADA UNO ES COMO ES:::

No hay cómo pasar un momento malo en tu vida para ver cómo son realmente las personas que te rodean. Hay personas que sorprenden por su entrega desinteresada y de corazón. Sin una mala cara, sin una queja sea la hora que sea la que le necesitas. Gracias, Fernando; gracias de todo corazón por aguantar mis malos momentos en los que puedo llegar a ser desagradable, antipática e incluso parezco desagradecida.

Otras personas están a tu lado en la distancia, siempre, todos los días. No les puedes tocar, besar o abrazar físicamente, pero sí con tu interior. Te puedes reir por teléfono con ellas, llorar, hacer planes. No puedo nombrar a todos, porque son muchos y no me gustaría dejar a nadie fuera.

La parte triste es la de aquellos que desaparecen, se hacen los despistados, o sólo cubren la parte social que consideran les corresponde. Probablemente, o más bien seguro, no lo hacen por mala idea. No les sale de dentro. Van a bodas, bautizos, comuniones, entierros, hospitales... y ya. No les sale nada más de dentro.

Y la parte dolorosa es la que corresponde a aquellos que, haciendo muchas cosas buenas en momentos de crisis, lo estropean todo cuando ven que levantas cabeza, con palabras inadecuadas, expresiones dolorosas e incluso mentiras, que es lo peor. Afortunadamente estos son los menos.

Pero hay que pensar solamente en las cosas buenas, en las positivas, en las que aportan energía, no en las que la gastan y no reponen. Hay muchos momentos para llorar de emoción, para calmar los nervios, por tristeza, porque lo que me está pasando es real, pero el camino no tiene por qué ser más duro.




CARMEN

Poco a poco, según avanzaba  en el tratamiento con adriamicina y se me iba complicando la vida, mi ánimo decaía igual que perdía peso. Sólo quería estar en casa o en una habitación individual en el hospital, lo cual no siempre era posible. A finales de noviembre de 2010 estuve en una habitación con Carmen. En general, siempre me he llevado bien con todas mis compañeras del hospital, pero en aquella ocasión no había manera, y no era culpa suya, no. Era yo quién no estaba por la labor de escuchar dramas... y su vida lo era.

Carmen era una madre soltera con un hijo de 19 años. Su pareja se marchó de casa cuando el niño tenía seis meses. Y además nunca más quiso verles, aunque vivía en Valencia y tenía una nueva familia. Hasta que murió, su madre fue su única ayuda. Me contó que tenía unas tías en Valencia con una buena posición y además dinero, que pusieron como excusa para no ir al entierro de la madre que tenían que acudir a un cóctel.

Me contó que en una revisón rutinaria tras cuatro años sin recaidas y a punto de darle el alta definitiva la dieron la mala noticia de que tenía afectados los huesos. Decía que ella era muy optimista y se iba a curar. Además se buscaba entretenimientos como hacer pequeños jerseys de lana para su perrita chihuahua y ver culebrones. Me decía que ella había sido muy guapa, pero que el físico ya no le importaba. Todo eran elogios para su hijo; que era muy bueno, muy guapo, muy trabajador, aunque en ese momento estaba en el paro, y que tenía una novia que era muy buena chica. 

Durante los dos o tres días que estuve con ella, solamente la última mañana recibió una visita de una amiga y la de su hijo. Tampoco me parecía raro ya que yo tampoco recibía muchas visitas los días de diario. Afortunadamente, cosa rara en los tiempos que corren, mis amigos estaban trabajando, e imagino que los suyos también. Y además desde el pueblo en el que ella vivía hasta el IVO no es fácil llegar si no se tiene coche, no por la distancia, sino por la mala comunicación con el transporte público.

Todas estas cosas me las contaba con un tono lastimero, como quién está acostumbrado a dar pena. Y yo ya estaba hasta las narices de historias lacrimógenas, incluidas las mías. Me pasaba los días llorando y no quería que nadie más me contase historias tristes ni de enfermedades. Creo que no fui muy justa con ella; ni siquiera hice el más mínimo intento de ser amable o conversar. Me limitaba a la mínima respuesta a sus preguntas o a asentir cuando me hablaba. No es que lo sienta, pero... no me hubiese gustado que me lo hiciesen a mí.


LOLA Y COMPAÑIA

La historia de Lola es, con diferencia, la más divertida y peculiar por muchos factores. Cuando a Lidia, mi anterior compañera de habitación, le dieron el alta, pasé la tarde sola, aunque ya me avisaron que iba a llegar una nueva paciente, que al parecer se estaba retrasando. Sobre las 9 llegó una parejita joven. El era alto y delgado, guapo dentro de lo normal, y ella era una morena de pelo largo, con un vestido muy mono y un maquillaje discreto.

Poco antes de irnos a dormir recibió una llamada de su madre, que por lo que ve quería estar en el hospital a las 7 de la mañana. Lola intentaba convencerla de que no acudiese tan pronto, porque no le iban a bajar al quirófano hasta más tarde y que además tenía una compañera de habitación y era mejor no molestar. Después de ver un poco la televisión, nos fuimos a dormir.

No sé qué hora sería, pero si no eran las siete serían cerca de las 8, pues a esa hora entran las enfermeras a tomar las constantes. Noto que la puerta se abre y comienza a entrar gente. Cada vez que  erraba los ojos aparecía alguien nuevo y oía como Lola susurraba "Iros, por favor, que está la compañera durmiendo. Por favor, iros a desayunar y luego volvéis". Cuando ya me despierto completamente veo que tengo la habitación llena de gitanos. Una de ellas era la madre, muy discreta ella, otra la tía, que no tenía nada de discreta, el padre, chulo y distante frente a la televisión, y otros individuos que eran hermanos, primos y no sé cuánta más familia. Uno de ellos, el más grande y arreglado de todos se encargaba de pedirme perdón por las molestias y de ir llevándose a la gente, cuñado incluido, a desayunar o a lo que fuese. Cuando conseguía llevarse una remesa, aparecía una nueva.

Más o menos una hora después se la llevaron a quirófano, aunque volvió en seguida, y la riada de personal también. El mejor era un señor muy mayor, de talla muy pequeña y todo vestido de negro, con sombrero, que resultó ser el abuelo, y el más sabio. Le decía a su nieta "Lola, el que realmente te aprecie, hoy vendrá, te dará un beso, se quedará 10 minutos y después se marchará". Estuve a punto de aplaudirle y hacerle la ola. Hacia el medio día ya sólo quedaban en la habitación la madre, una tía, y tres chicas jóvenes que debían ser hermanas y primas... sin callar un solo momento.

En uno de esos pequeños momentos en los que había poca gente en la habitación, Lola me mira y me dice eso de "tu cara me suena. Yo te he visto antes". Yo, con los ojos como platos le digo que no sé. Y empezamos a hacer un repaso: pues yo vivo Paterna, pues mis padres también, pues eso es que nos hemos visto en Mercadona... Al poco rato entra un hombre, que no era gitano, y estuvo diez minutos escasos (era su jefe y venía a pagarle la nómina. Y ahí es cuando yo pienso que a ese señor yo le conocía.

Llega la hora de la cena y la riada humana que había en aquella habitación comienza a despedirse. Una despedida que no acababa nunca, porque los que entraban, se quedaban, otros salían, pero se encontraban con otros que llegaban... uno ya decía "si me queréis, irse; y cerrar la puerta por fuera". Cuando por fin se marchan todos ya pudimos hablar un rato. Lola me contó que ella en la vida se hubiese casado con un gitano. Quería mucho a su familia, pero no podía soportar la idea de vivir con sus tradiciones. Y por eso ni siquiera vivía en el mismo pueblo que ellos. "Los gitanos cuanto más lejos mejor" me decía.

El motivo de su visita al hospital era que tenía un papiloma uterino, a su vez trasmitido por su marido, el cual lo cogió de su ex mujer. Toma ya!!! Con un par de narices los dos. Ella por sacar los pies del tiesto y saltarse la tradición de los gitanos y casarse con un payo, y él, por meterse en ese tipo de clases sociales, tan complicadas y encima trasmitirle a la mujer una enfermedad cuyo origen era la exmujer.

Entonces volvimos a aquello de "tu cara me suena; pues a mí la tuya no" pero "a uno que ha entrado que no es gitano, a ese sí que lo conozco yo". Pues fue en ese momento cuando me enteré que era su jefe en una tienda en el Centro Comercial El Osito, y en ese momento lo entendí todo "¡Perosi tú me has vendido a mí el sofá de mi casa!!!".

Desde luego qué razón tiene el dicho ese de "el mundo es un pañuelo lleno de mocos y estamos todos en él". Hay que portarse bien en todas partes, nunca sabes quién te escucha. Pasé un día a verla por la tienda y había dejado de trabajar allí. Poco después cerraron la tienda. Me hubiese gustado verla una vez más.


LIDIA

Lidia fue una discreta compañera de habitación. Su marido, sus hermanas, amigas y ella misma eran todo cordialidad y naturalidad. Y sin dejar de ser cierto todo lo que digo, también hay que decir todo ello tapaba un miedo enorme que de vez en cuando salía a flote. Llevaba días ingresada a la espera de que hubiese un hueco para hacer una prueba más específica, ya que aparte de haberle detectado algo en el útero, también tenía una mancha inespecífica en en un pulmón. Cuando yo ingresé, con la misma finalidad, que era buscar un hueco para que me hiciesen una prueba, ya llevaba varios días allí. Y cada día que le decían que no le hacían dicha prueba, aquella mujer fuerte y sonriente se convertía en un río de lágrimas.

El fin de semana nos fuimos cada una a nuestra casa, para regresar el lunes. Llegó el momento en el que avisaron que en cualquier momento vendría un celador a buscarla. Aquella mujer tranquila se convirtió en un manojo de nervios durante la espera. Yo no me podía quedar así, viendo como se le iban a saltar las lágrimas y me puse con ella a hacer una de las  técnicas de relajación que me había enseñado Ana, la psicóloga.

Al día siguiente le dieron el resultado. Todo estaba bien; lo del pulmón había sido una falsa alarma. Creo que le faltó tiempo para saltar de la cama, arreglarse e irse no sin antes darme una beso y un abrazo.

Meses después la encontré en el mostrador de admisión. Estaba fantástica, como si nada hubiera pasado, aunque su operación tuvo alguna complicación que, pudiendo ser peligrosa, se quedó sólo en un susto. Me dijo que una de sus amigas me había visto por allí un día, y que me vio tan mal, que no se atrevió ni a acercarse a mí.

No he vuelto a verla... y supongo que es porque todo va bien.

AMPARO S..

Amparo S. ingresó en el hospital un día después que yo, en septiembre de 2010, y en la misma planta. Ella estaba en una habitación individual con Juan Carlos, su marido, y nos juntaron cuando el fin de semana siguiente cerraron una planta, cosa muy habitual los fines de semana. Dan lo que yo llamo "permiso penitenciario", es decir, mandan a los enfermos que no requieren vigilancia continua a su casa, bien todo el fin de semana, bien durante el día o simplemente a dar un paseo.

Volviendo al tema, Amparo y yo coincidimos en la habitación un viernes por la tarde, el mismo día que me habían afeitado la cabeza. Vi la expresión de sus caras, su descontento, su rechazo tanto a mi aspecto como a mi compañía. No recuerdo muy bien cómo pasamos de la charla de compromiso a las confidencias, a contar de qué estábamos enfermas, de nuestra vida en general.

Amparo y Juan Carlos llevaban casi toda la vida juntos. Ella era enfermera de la planta materno infantil del hospital de Gandía. Tenían una preciosa niña de 10 meses que se llamaba Carla. Durante el embarazo, cuyo seguimiento se lo hicieron en el mismo hospital en el que trabajaba, le detectaron  una hemorroide en principio sin importancia y muy habitual en embarazadas. A los tres meses de dar a luz tuvo una hemorragia y le extirparon dicha hemorroide de urgencia. Hicieron el rutinario análisis histopatológico del tejido y se encontraron con la sorpresa más desagradable que uno se puede encontrar en estos casos: un melanoma que pruebas posteriores constataron que estaba extendido por gran parte del organismo. A partir de ahí se llevó a cabo todo lo que se puede hacer en estos casos: radioterapia, quimioterapia oral, inyectable...

Todo esto y más me lo contó su marido en el pasillo cuando yo le dije que mi tratamiento era preventivo (cuan equivocada estaba yo y cuan equivocados los médicos...). Cuando ingresaron y su oncóloga vio los resultados de las pruebas, le dijo a Juan Carlos que no le que quedaban más que dos semanas y que en cualquier momento la sedaría... y ya había pasado una semana. Desde luego el aspecto no era el de una persona terminal y ella estaba convencida de que se iba a curar (desconocía la gravedad de su estado).

Unos días después nos separaron en habitaciones individuales para que tuviésemos más privacidad y a todos nos dio pena, de manera que nos hacíamos visitas, incluso cuando después de darme el alta iba al hospital para alguna prueba o nuevo ingreso. Lo último que supe es que, cuatro meses después, aún seguía ingresada, pero yo ya estaba muy débil y no seguí preguntando. Me daba miedo...


LAS DOS ABUELITAS

En mi primer ingreso tras comenzar la quimioterapia con adriamicina me tuvieron que hacer una trasfusión de sangre. Una de tantas que vendrían después. Fue también el ingreso más largo que tuve por esta causa. Los primeros días conocí a dos señoras encantadoras de las cuales no recuerdo los nombres, pero que al pensar en ellas ahora veo que tengo mucho que aprender de ellas. Ambas eran viudas y un ejemplo de superación en el día a día

La primera tenía dos hijas que le hacían compañía durante el día. Una de ellas tenía un problema al caminar. Me contó que era una chica normal hasta hace poco, con su piso, su trabajo ... En resumen, una vida normal de una chica joven. Un buen día le extirparon un tumorcito en la carótida. Todo salió fenomenal, incluso mejor de lo esperado pues comenzó a hablar muy pronto. Pero la alegría duró muy poco. Ese mismo día no sé si un trombo, una problema nervioso o qué, pero le dió una parálisis cerebral que hace que no pueda conducir, trabajar o vivir su vida sola. Su cerebro hacía que fuese en diagonal cuando lo que quiere ella es ir recto. Para poder moverse con normalidad tiene que ir agarrada al hombro de otra persona. Parece una tontería, pero eso la incapacita incluso para trabajar en una oficina, ya que no siempre está una persona sentada. Necesita ir a algún despacho, ir y venir del trabajo a casa, ir al servicio. Necesita a alguien en casa para cocinar, para vestirse, para todo.

Su madre era paciente del IVO desde el año de su inauguración y sonreía en todo momento cuando hablaba de sus hijas o de ella. Siempre tenía una palabra amable para las enfermeras, para sus hijas, para mi... Pero tenía una gran preocupación y era qué iba a ser de su hija cuando ella ya no estuviese. Porque su hija necesitaba siempre alguien al lado. La otra hermana tenía su vida, su trabajo, y cuidaba de su hermana todo lo que podía, pero no podía dedicarle las 24 horas del día. Y aún así, no dejaba de sonreir.

Cuando le dieron el alta, vino otra señora que creo que se llamaba Adela. Esta señora tenía cinco hijos a los que había criado ella sola ya que su marido murió (no sé de qué) muy joven. Reconozco que no le hice mucho caso a esta señora porque fueron días muy duros para mí (nadie me decía lo que me pasaba, me raparon el pelo, no podía respirar bien por la cantidad de líquido que tenía en el abdomen...). Ella también sonreía siempre, y además me dió una lección de humildad. Una de las hijas me vió en el hospital en otro ingreso posterior y poco antes de que la metieran en el quirófano se presentó en mi habitación para decirme hola y preguntarme cómo estaba.

Conclusión: aún me quedan muchas cosas por aprender en lo que me queda de vida.


GRATOS RECUERDOS DE MALOS MOMENTOS

Hace tiempo que quería hacer esto y nunca encontraba el momento o la forma de expresarme. Creo que ahora es el momento de empezar, aunque no tengo clara la forma..
 
Durante estos dos años y medio largos han pasado por mi vida personas que vivían una situación como la mía, peores o al menos diferentes. Personas a las que cojes cariño mientras estás con ellas, pero con las que no mantienes el contacto, de forma que así te proteges de las malas y de las buenas noticias. Las malas noticias entristecen; cualquiera de ellas puede pasarte a ti. Y las buenas noticias alegran, como no, Sólo faltaría eso. Pero a la vez crece en el interior un sentimiento de envidia. Un gran "por qué no me pasa a mí", o un "yo llevo más tiempo", o "yo me lo merezco más". Pero nada de eso es correcto. No depende del tiempo que estés metida en el ajo, ni del esfuerzo que pones en curarte y obedecer a los médicos, o porque seas tú. Tampoco es una lotería. Creo que ni siquera los médicos saben lo que es o por qué es.

Cada persona que conocí, tanto mujeres enfermas como sus acompañantes, tenían una historia detrás y creo que merece la pena hacerles un hueco aquí, tanto si han superado la enfermedad como si no, si eran de una manera o de otra, me cayesen mejor o peor. Hay historias entrañables, divertidas, deprimentes o curiosas. Y quiero recordarlas porque de todas ellas he aprendido algo y espero que esas personas hayan aprendido algo de mí.

FLOR...







Algunos días Héctor me deja una flor en la mesita de noche para que no tenga miedo cuando me vaya a dormir. 


CICLO 9, DIA 1.

Este no era un día de quimioterapia normal. Era un día en el que tocaba tomar una decisiónbastante importante. Aproximadamente dos semanas antes las bolsas con las que controlaba mi fístula abdominal se despegaban con gran facilidad. Se había hecho tiempo atrás una úlcera que había ido creciendo hasta rebasar los bordes del disco de sujección y por tanto debía pegarlo encima de ellas. Fui a la consulta del cirujano, me dieron un nuevo sistema de de control (muy aparatoso, por cierto), y me dijo el médico que comentara con el oncólogo la posibilidad de abandonar la quimioterapia de forma temporal.

Ese día lo pasé bastante disgustada, pero no tanto como podía haberlo estado. Apenas lloré y mi mente se pasaba a otros temas con facilidad. Parece ser que la he entrenado eficazmente. Yo no quería abandonar el tratamiento, porque me estaba yendo bien y en cualquier caso quería llegar al TAC del 30 de agosto.

Por fin llegó el momento de entrar en la consulta del oncólogo (ciclo 9, día 1). El resumen de dicha visita es que en los ensayos clínicos no suelen permitir suspensiones de mas de una semana, con lo cual tampoco ganaba nada. Y en el caso de que se suspendiera el ensayo, antes o después comenzaría con una nueva quimioterapia, y no hay ninguna que permita cerrar una herida de ese porte. Por lo tanto decidimos dejar esa supuesta semana de descanso para cuando fuese realmente necesaria y no ahora que la herida se podía controlar, Fernando cogía vacaciones y estaban mis padres en casa echando una mano.

Lo peor de esto es la limitación de movimientos, intentar agacharme lo menos posible para que el disco no se doble, o se doble lo menos posible. Lo que peor llevo es lo de conducir y tener que estar dependiendo de que alguien me traiga o lleve, ya que ahora tengo a quién lo haga, pero en cuanto llegue la última semana de agosto se acabó lo que se daba.

VUELTA A LA NORMALIDAD

No sé como pero la normalidad vuelve a mi estado de ánimo. Ha habido algún cambio. Mis padres han venido a ayudar, Héctor está feliz de tener en casa a sus abuelitos. A mi se me ha pasado el miedo de la espera de la siguiente consulta con el oncólogo y parece que tenemos controlado, de momento, el nuevo sistema de cura de la fístula.

Espero que la normalidad dure muuuuuuuucho tiempo.

ESTOY HECHA UN LIO

Estoy hecha un lío y no sé cómo deshacerme. Supongo que el resto del mundo tendrá dilemas similares. Lo que es bueno para una cosa es malo para otra, y hay que elegir lo menos malo... y no sé si ahora tienen que elegir por mí.

Me ha salido poco a poco una úlcera alrededor de la fístula que hace que tenga que llevar un sistema de recoleccion de fluidos grande y aparatoso, de manera que me ponga lo que me ponga, se nota. Pero eso es lo de menos. Lo malo es que tengo que plantear al oncólogo si puedo seguir con el tratamiento de quimioterapia o no. Dejar un tratamiento con el que llevo 6 meses ya y que está funcionando. Mandar 6 meses de esfuerzo a la mierda. Seis meses de madrugones, análisis, dolores, tristeza, ansiedad... Había conseguido estar estable anímicamente, ¡estaba contenta! Y un día que amaneció normal, como los demás; un día que se me soltaban las bolsas de ostomía como tantas veces y se me ocurrió preguntar a los que saben. Ese día todo se volvió del revés en mi cabeza.

Yo estaba contenta. Yo tenía ilusión, planes, cosas que hacer. Y ese día yo lloraba y lloraba. Aún no sé cómo fui capaz de coger el coche con el tiempo justo de llegar al hospital y que me mirasen la fístula. y aún no sé cómo voy a mantenerme en buen estado hata que tengan que tomar esa decisión. Pero tengo que hacerlo.

Hace poco decía que iba a disfrutar de los buenos tiempos mientras durasen, y que era consciente de que volverían los regulares o malos. Sigo siendo consciente, pero no creo que nadie sea capáz de quedarse tal cual cuando esos tiempos llegan. Como un preso cuando vuelve a la cárcel, aunque haya estado muchas veces. Me veo agarrándome a las rejas y mirando con lástima al exterior. Pero voy a salir otra vez. Mejor dicho, no voy a dejarme encerrar. Quiero pasarlo bien y puedo hacerlo.

BUENOS TIEMPOS

Esta ha sido una buena semana. Desde febrero hasta la semana pasada lo he pasado muy mal. Lloraba y lloraba cada mañana al despertarme, sin poder controlarme. Tenía muchos dolores en la tripa y no me hacía ilusión ni siquiera que el oncólogo me dijese que todo iba bien. Sólo estaba algo normal cuando estaba entretenida y con gente. Esta tristeza crónica desembocó en ansiedad. Falta de aire, parecía que me iba a ahogar; taquicardias, movimientos involuntarios de piernas... y así todas las mañanas. Después comía y ya estaba tan feliz, y según avanzaba la tarde lo de la mañana me parecía imposible. Hacía planes para el día siquiente, planes que no cumplía porque esa mañana volvía a ser espantosa. Llegué a pensar que eran las pastillas que me había recetado el médico para el dolor. No encontraba otra explicación.

Pero yo no quería estar así. Yo no soy así. No es que sea la alegría de la huerta, pero siempre he estado activa; me gusta hacer muchas cosas y no tengo problema para estar sola. Y estaba decidida a hacer lo que fuera para salir de eso, lo que quiera que fuera: pastillas, meditación, ejercicios de relajación o hacer el pino puente si fuese necesario. 

Irene me contaba por teléfono que estaba yendo a sesiones de reiki y que se encontraba muy bien, y que además otros amigos también iban, e incluso sus hijos, y que estaban notando mucha mejoría tanto en estado de ánimo como en salud. Y por casualidad, que es como suelen pasar estas cosas, el reiki vino a mí. 

En la primera sesión le comenté a Dori (así se llama la chica que lo hace) que yo era un poco excéptica con respecto a este tipo de prácticas, ya que con la homeopatía me fue fatal, aparte de gastarme un dineral para nada. Ella, muy comprensiva, me dijo que las cosas había que verlas para creerlas. Esto fue el miércoles de la semana pasada y el sábado a mediodía, después de tres mañanas más con ansiedad todo lo malo desapareció. El domingo me levanté muy contenta, sin ningún malestar en mi ánimo, con muy poco dolor y con una sensación muy placentera. Algo había pasado. Volvía a ser yo. Y no sé por qué. Reiki, tryptizol, fluoxetina, cansancio de mí misma... o todo junto. No pienso hacer experimentos ni quiero saber qué es. Simplemente quiero seguir así.

Y esta vez sí que me alegré cuando el médico me dijo que las cosas iban bien. Quizás esta vez yo sabía que las cosas iban bien. Y aunque soy consciente de que volverán regulares o malos tiempos, quiero disfrutar de los buenos mientras duren.


SIGUIENDO CON LA SINCERIDAD...

Esto me está resultando muy difícil. Me encuentro ahora mismo en una encrucijada en la que no voy a poder escoger camino hasta el día 4 de julio. Cómo voy a llegar allí? No lo sé, no lo sé; la verdad es que no sé... Sé que voy a llegar, pero no sé en que estado. Los nervios están pudiendo conmigo hasta el punto de hacerme perder tres kilos en muy poco tiempo (unos 10 días). Es verdad que hace calor y que no se comen cosas tan nutritivas como en invierno y además se suda mucho, pero lo normal es que la gente engorde, con los helados, los refrescos y todas esas cosas. Yo no. Pero eso no es de ahora, ha sido siempre. Pero antes no importaba, porque estaba sana, o al menos lo parecía. A saber desde cuando viene esto que tengo. A veces pienso si Héctor no ha estado conviviendo nueve meses con los sarcomas. Espero que no y en caso positivo que no hayan hecho mella en él.

He conseguido dormir bien dos noches seguidas, pero en cuanto abro un ojo o soy consciente de que lo puedo abrir no creo que pase ni siquiera un segundo antes de que comience la angustia mañanera. No me ha dado tiempo a pensar en nada, ningún pensamiento ha llegado a mi cabeza, pero la angustia si ha llegado al pecho y me quiere ahogar. Mis nervios, en lugar de agradecer un nuevo día en este mundo de mierda (perdón, en este mundo), lo que hacen es hacerme aborrecerlo hasta que llega la tarde.

¿Qué diferencia hay entre la mañana y la tarde, cuando para mí las mañanas siempre han sido el mejor momento del día? ¿Qué extraño duende malvado se ha metido en mi cabeza y me la ha dado la vuelta del revés? Esto sólo lo puede entender el que lo padece. Desde fuera es fácil decir "anímate", "haz cosas para entretenerte", "eso son los nervios", "tienes que alejar la tristeza o la gente se alejará de ti", "tienes que ser fuerte"... y todo es cierto; todo. Pero desde dentro es difícil hasta permanecer en un sitio sentada, de pie, tumbada o en la calle. Quiero hacer todo y no me apetece nada. Tengo muchas cosas para entretenerme; cosas que me gustan mucho y que nunca tenía tiempo para hacer. Pues mira, ahora lo tengo y no las hago.

Pero ¿que es lo que quiero?; ¿qué es lo que realmente quiero?. Pues un imposible. Quiero que estos dos años y medio últimos de mi vida desaparezcan. Quiero que los borren del disco duro de mi cabeza, olvidar para siempre. 

Están muy bien los pensamientos positivos, la espiritualidad, encontrar el verdadero yo y el sentido de nuestra vida... pero seguimos siendo los mismos. La persona positiva sigue siendo positiva, la pesimista sigue viéndolo todo negro, el miedo se queda enquistado y cada vez que nos vemos un grano ya vemos una terrible enfermedad. Y al ir de vacaciones a un sitio precioso comprobaremos los centros de salud y hospitales más cercanos, un flemón es un tumor en la mandíbula y adelgazar un kilo es haber recaído en la enfermedad. Y eso lo pienso yo y cualquier otra persona que haya pasado por un trance similar... por desgracia. Y si somos sinceros lo reconoceremos y si somos unos valientes de pacotilla o unos fanfarrones, pues no.

Vale. No hay que renunciar, no hay que rendirse, no hay que luchar. Hay que vivir con, convivir... pero con todo lo anterior también. No dejo de arreglarme por las mañanas y para salir a la calle. Me niego a salir con las cejas sin pintar, ni los labios. Eso ya es parte de una personalidad y los momentos en los que no me ha importado eso siquiera era que ya no me importaba nada. 

Así que, nada; a dejar pasar los días, a esperar a que esta mala etapa se pase (rectifico, a que esta etapa se pase; no hay que juzgar) y estoy segura de que volverán buenos y mejores tiempos, sin descartar otros peores...y deseo de todo corazón que todos ellos sean de corta duración. Lo que cuesta por lo que vale. Renuncio a la felicidad plena con tal de no ser demasiado infeliz.

MALAS JUGADAS DE LA MENTE...

Hace tiempo que no me encuentro bien. Lloraba cada día, pero sólo a primera hora de la mañana. Después me animaba, me arreglaba, me iba a la calle o me ponía a hacer cosas y se me pasaba un poco. Seguía preocupada y triste, pero me las apañaba para hacerme la comida, salir a tomar un aperitivo, leer, hablar por teléfono... en fin, cosas. Pero esta semana, después de un fin de semana malo, con dolores muy molestos, algo se cruzó en mi cabeza. El lunes por la mañana comenzó mal. Una mala noticia por la mañana (alguien había tenido una recaida en el cáncer, tras poco tiempo después de haberse recuperado); unas palabras poco afortunadas aunque con buena intención; una posible solución a mis problemas de dolor por parte del médico, con una explicación más que oportuna. 

Y a partir de ahí me invadió una tristeza tan grande que no me ha dejado pensar con claridad. Se han removido miedos escondidos, cansancio, enfado... y se han marchado las ganas de hacer cosas. Eso, añadido a un dolor incómodo hace que la vida no sea muy fácil. Con seguridad que yo también pongo mi granito de arena para que sea más difícil. Si no soy sincera conmigo mal vamos. 

Pero yo sé que voy a salir de esto. No tiene sentido estar así, mi vida es la que es y la tengo que aceptar. Y me tengo que aceptar a mi misma... por narices!!!

AYER...

Ayer fue mi cumpleaños. Fue un día muy raro; pasé mucho, demasiado diría mejor, tiempo llorando. Fui afortunada porque vinieron unos amigos a comer conmigo (gracias, Jose, gracias, Nuria). Me llamó gente que me quiere y a la que quiero... y no le cogí el teléfono a otros, porque no tenía ánimo para ello. No quería que me preguntaran ¿qué  tal, cómo estás? y echarme a llorar una vez más. Es incómodo y molesto, para todos, incluida yo.
Tuve mis regalos, y besos... y a las nueve y media de la noche poco más o menos tuve un ¡Buenas noches, guapaaaa! de parte de Héctor, que fue el mejor regalo del mundo.
Así que, por muy triste y deprimida que esté, por muy duro que parezca todo, por muy cansada que esté, cada día que pasa es un día que estoy más cerca del final de esta pesadilla y entonces seré yo la que podré decir con una risa y alegría ¡Buenas noches, guapooo! a todo aquel que quiera y a Fernando y a Héctor los primeros.

NUEVA ETAPA...

Hoy he comenzado una nueva terapia, o para ser más concreta, me están enseñando una nueva forma de terapia. Se llama Mindfulness. Es una forma de meditación budista pero laica. Parece algo raro dicho así. Se trata de hacer ciertos ejercicios de relajación y meditación y de entrenar la mente para disfrutar del presente. Así, en los malos momentos no divaga hacia el pasado ni hacia el futuro de forma insana. Es lo que se hace cuando se aprende a tocar un instrumento, o cuando se come algo por primera vez, o se conduce la primera vez. O como hacen los niños al jugar cuando son muy pequeños; viven lo que están haciendo, lo miran lo investigan, lo disfrutan o lo abandonan para pasar a disfrutar de otra cosa. 

No es que haya que pasar los días con la mente centrada en lo que se hace, no. Es entrenar la mente para dar a las cosas el valor que le corresponde, si es que lo tienen. 

Esta mañana hemos hecho un experimento con dos uvas pasas. Lo normal en cualquier otro memento es comérselas mientras se sigue hablando o haciendo otra cosa y ya está. Hoy las he cogido en la mano, las he mirado, tocado, olido, las he saboreado, mordido, tragado y comparado una con otra. Vamos, como si fuese una cata. Pues hay que intentar hacer, al menos, una cosa así al día.

Parece interesante y sensato. Poco a poco iré contanto como va. En principio son seis sesiones de enseñanza, ampliables a ocho si ello fuese necesario. Al fin y al cabo lo que cuenta es el trabajo en casa.

NO SÉ POR QUÉ, NI LO SABRÉ; COMO TANTAS Y TANTAS COSAS...

No sé por qué, ni sabré nunca, ni creo que nadie lo sepa. No sé por qué mi cuerpo se ha rebelado contra mí con tanta fuerza. Es cierto que durante una larga temporada de mi vida fumé bastante, pero ni mucho menos como otros fumadores empedernidos que encienden un cigarro nada más abrir el ojo por la mañana. Poco a poco lo fui dejando hasta que lo dejé del todo cuando me enteré de que Héctor ya estaba en camino. 

En ese caso pedí permiso a mi cuerpo para quedarme embarazada y me dejó. Yo no le forcé ni él se negó. Ni siquiera antes le había limitado en su normal funcionamiento, ni con pastillas, ni tratamientos hormonales ni nada.

He bebido de forma moderada, pero continua. No voy a negar ahora mi afición a la cerveza, sobre todo desde que terminé la carrera; antes tampoco me hacía mucho tilín.

He cuidado siempre mi alimentación con fruta, verdura, pescado, carne en cantidades moderadas, poco azúcar y sal... mucho mejor que la mayoría, y así lo he intentado con mi familia.

Y resulta que todo eso a mi cuerpo le ha dado igual o por el contrario le ha molestado. Ha enloquecido y se ha empezado a expandir por su cuenta de un modo invasivo, hasta el punto de querer expulsar partes de mis entrañas fuera de mí. Y aún así yo sigo cuidándole para que no se enfade, para que no ataque a mi cabeza, aunque lo intenta y a veces lo consigue; me saca de quicio y me pone triste.

Pero ¿cómo le voy a pedir a mi cuerpo que me explique esto, si ni siquiera las personas somos capaces de explicar nuestro comportamiento con los demás? También nos cuidan, nos enseñan, nos permiten cosas a nuestro libre albedrío... y nos alejamos de ellas o poco a poco las vamos apartando.

¡Qué difícil es vivir en paz y armonía! Con lo fácil y agradable que debe de ser...

FRAGMENTO DE UN CORREO DE PI...

Muchas han sido las respuestas que he tenido a mi correo general "Por segunda vez consecutiva...  buenas noticias!!!", pero esta me ha parecido tan bonita que no puedo dejar de reflejarla aquí... no se puede perder por ahí en una lista de correo...

-------------

Sueños que no sólo sueños son...

Me alegras tanto...algún día te contaré las cosas que sueño contigo (uy qué mal queda, jaja) pero tiene que ser en persona...que ya está bien, a ver si el /los médicos te recomiendan pasar la temporada de baños en la costa del sol de una vez!!, bueeeno, mientras tanto te diré que hace una semana estábamos tú y yo encantadas mirando al cielo azul entre las ramas de un bosque, porque había dejado de llover y olía maravillosamente bien, a pino, a eucalipto a tierra y madera mojada, y no dábamos un abrazo, y al menos yo, me sentía muy feliz. Ah, por cierto, tú llevabas una melena a lo afro y tenías en la cabeza más pelo que un león, jaja, estabas muy guapa.

POR SEGUNDA VEZ CONSECUTIVA... BUENAS NOTICIAS!!!


Pues sí, por segunda vez consecutiva le vamos ganado la partida al tumor. Por lo que se ve eran pequeños tumores que habían confluido en uno solo y al ir menguando se han disgregado y son las bolitas que yo noto en mi tripa. Por otro lado, la mancha que se veía en el hígado ha pasado de 1 cm a 7 mm. De momento, para el oncólogo es un éxito claro del tratamiento.

Hoy tenía también cita con la psicóloga y cuando le he dicho que me he encontraba mejor y que tenía razón cuando ella me decía que igual estaba pidiéndole demasiado a mi cuerpo y mi mente trabajando antes de tiempo,  ha suspirado. Pero es que cuando le he dicho al oncólogo que había dejado de trabajar, la contestación ha sido ¡Por fin lo hemos conseguido!. Así que con esta, parece que correcta decisión, portándome bien y descansando lo que debo, es posible que el tratamiento funcione aún mejor. Sobre todo cuando engorde los 3-4 kilos que he perdido en este mes.

Así que aquí estoy, con una alegría espectante y contenida, pero alegría al fin y al cabo.
Muchos besos a todos los que estáis pendientes de mí, que sé que sois muchos.
Esta tarde, a descansar como es debido. Y vosotros, intentad tomaros la vida con filosofía... es mucho mejor!!!

¿HAY ALGUIEN AHÍ...:::?

Cada día es más difícil comunicarse con los demás. ¿No os pasa? Cuanto más fácil nos lo ponen (teléfonos móviles, correo electrónico, whatsapp, redes sociales) menos cosas nos decimos. No encontramos el momento, el lugar, no estamos de humor. O estamos hablando por teléfono, escribiendo un correo electrónico o mandando un mensaje a una persona que o bien vive a miles de kilómetros de nosotros o hace la tira de años que no vemos.

Y mientras, ¿qué hay de la persona que tenemos al lado?. ¿Qué hay de esas personas con las que convivimos con las que nunca nos viene bien hablar? O nos molestan o dan la sensación de que les molestamos mientras se comunican con gente más allá del horizonte.

Pensemos en ello, creo que merece la pena. Mirando de vez en cuando a nuestro alrededor, simplemente moviendo la cabecita, seguro que hay alguien dispuesto a escucharnos y a contarnos algo...

Escuchemos; creo que también merece la pena...

MAS SATISFACCIONES INMEDIATAS


DIOS...

... es sólo una palabra. Con muchos significados, pero sólo una palabra por la cual se han cometido muchos errores, muchos delitos y alguna cosa buena. Pero no es el ente todopoderoso en el que muchos creen y otros dicen que creen por el beneficio, terrenal y no espiritual, que ellos les reporta.

Si fuese algo más que una palabra estaríamos perdidos. Hambre, guerras, muerte, enfermedad, niños que sufren, buenas personas que padecen dolores inhumanos, criminales que se enriquecen a costa de los demás... ¿qué es eso?

No. No puede ser que sea más que una palabra. Pero es doloroso ver cómo la gente invierte su dinero en esa palabra, le reza, le da gracias en medio de la desgracia.

Me siento personalmente dolida al respecto. Mis padres, católicos, apostólicos, practicantes y seguidores de la doctrina a su manera y según les conviene, creen a pies juntillas en ese concepto como si de lo más poderoso se tratase. Rezan cada día, al menos mi madre, y le da gracias por todo, mientras yo, su única hija sufre un cáncer desde hace más de dos años. Su único nieto estuvo a punto de quedarse sin madre.y no son capaces de desligarse del miedo de que si no siguen esa línea algo peor les vendrá. Y me hace  pensar que creen que si me pasan cosas es porque me lo merezco.

Las cosas  pasan porque pasan, y ya está. Pero ya no me pueden pedir siquiera el respeto y la tolerancia que antes tenía por determinados símbolos. No me voy a volver radical a estas alturas ni a soltar insultos, improperios ni acudir a absurdas manifestaciones. Simplemente  me da igual. Pero que no me hablen de inculcar esa doctrina a mi hijo. No; basta de mentiras.

Por mi parte vivirá la religión en su parte lúdica (navidad, reyes, vacaciones de semana santa...) igual que vive su cumpleaños o el de sus amigos; pero no habrá miedos de confesión, comunión, pecado, castigo de Dios, infierno, limbo, bautismo... y espero que eso pase en muchos hogares del mundo y eduquemos buenas personas en paz y equilibrio.

COMO PASAR LAS VACACIONES...

He estado reflexionando estos días de semivacaciones que hemos pasado, y realmente es importante plantearse que es lo que se quiere cuando se sale de viaje o se toman unos días de descanso.

- Relax total: hay que ir con la pareja, con la cual se tiene ya  tal grado de confianza, que permite estar en un circuito de un spa sin hablar y dejando la mente en blanco, en una piscina tomando una cerveza al sol, durmiendo la siesta mientras el otro lee en la terraza o ve la tele, todo ello salpicado de contactos con redes sociales si es que se quiere, lo mismo que  el sexo. Son unas vacaciones para uno mismo, en las cuales sólo hay que compartir vivencias a las horas de las comidas (buenas comidas) y apenas se discute ni se toman decisiones.

- Vacaciones con niños: vacaciones muy activas. parques temáticos, museos para niños, comidas rápidas de bajo precio y menor calidad. Muchas  risas a destiempo y muchos lloros, porrazos. Momentos muy buenos y muy cansados y todos dedicados a ellos. No hay relax, ni lectura, pero son muy reconfortantes cuando te dan un abrazo por la noche, muy cansados y muy satisfechos. Te quieres morir de cansancio, pero no tiene precio.

- Vacaciones divertidas: las de verdad; las que te dejan relajada para una buena temporada, con un buen sabor de boca y ganas de repetir. Esas, sin duda, son con las amigas. Ahí hay de todo:  confidencias, risas, lágrimas, chistes, picardía, discusiones, diversión, juerga, buena comida y bebida, excursiones... tiempo aprovechado a tope. Fuerza nueva para unos meses y esperanza de que se vuelva a repetir algo  similar,  con las misma o con otras amigas, pero  siempre para recargar pilas.

Igual yo he hecho esta reflexión un poco tarde, pero en  la medida que pueda voy a intentar hacer un repaso de ello. Creo que es invertir en salud y vivencias.



ALGUIEN QUE ME RECONOCE EL ESFUERZO!!!

Esta es la transcripción de unos correos intercambiados entre Irene y yo en marzo, con motivo del fantástico resultado de su TAC y mi nefesto estado de ánimo:


Correo enviado por Irene (29 de marzo)

DESCANSEN FILAS!!!!


Os mando un mensaje directo del General: RESPUESTA COMPLETA AL TRATAMIENTO

Eso quiere decir que las miles de medicinas que me estoy tomando están dando un resultado muy bueno. 

Aún no estoy curada, pero en la zona de la axila ya casi no queda ningún rebelde!!! En el pecho aún sí, ya sabéis, esa selva impenetrable, refugio de bandidos...

El General me ha transmitido mucha confianza en que vamos a acabar con esto en los próximos meses.Por lo visto es difícil que los radiólogos se mojen tanto como para decir lo de "respuesta completa", así que él estaba muy contento, no sólo por mí sino por él mismo, ya que intuyo que el esquema que me está aplicando ha sido un poco de su invención y es posible que algún colega le haya cuestionado.

La estrategia a partir de ahora: dos semanas de semi descanso sin pasar por el hospital y a partir del 18 de abril continuar con los ciclos cada dos semanas, por tiempo indefinido aún.

Os podéis imaginar la alegría, el alivio, la emoción...TODO

Y ahora...a descansar todo el mundo. ¡Permiso por vacaciones de Semana Santa!


Muchos besos,
Irene
Respuesta mía (29 de marzo)

No te puedes ni imaginar todo lo que me alegro por tí. Debes de estar encantada y, una de dos, descansando o celebrándolo.
Te voy a ser sincera, porque además ya hablamos de ello el otro día. No puedo evitar una punzadita en el corazón y un poco de pena por mí. Me da la sensación de que me voy quedando por el camino... pero por el camino sigo.
Ultimamente no lo estoy pasando muy bien, sobre todo por las mañanas a primera hora... pero no es este el momento de hablar de esto.
Disfruta el momento porque además estás en condiciones de hacerlo. Estás fuerte, estás guapa y estás prácticamente de vacaciones. Mil besos para una campeona como un pino!!!

PD: Esperaré para llamarte a tener un momento más positivo y te contaré cosas con tranquilidad. Lo dicho. Besos y descansa!!!

 Respuesta de Irene (30 de marzo)


Sol, cielo, ya sabía que la noticia te iba a alegrar y entristecer al mismo tiempo, pero creo que lo peor que puedes hacer es sentir pena por ti.

Ayer te lo dije, para mí eres el ejemplo más grande de coraje que he visto nunca, te tengo siempre en mente y eres una inspiración para la lucha, así que NO ME VALE que te me vengas abajo, ni de coña, ¿¿¿oyes???

Tú vas a salir de esto y la primera que tienes que creertelo eres tú. Y entre que salimos y andamos por aquí enfangadas, lo que te dice la psicóloga: ¡¡¡satisfacciones inmediatas!!! porque parecerá una tontería, pero te van cambiando el estado de ánimo poco a poco y de verdad que ayuda el tenerlo alto.

Hablamos cuando quieras, no hace falta que estés contenta para ello y lo sabes de sobra.

Te mando un abrazo muy muy fuerte de cinco minutos (por lo menos)
Irene
-------------------




No es difícil imaginar los lagrimones que caían...




SEGUNDA DOSIS DE MEDICACIÓN...

Siguiendo con la prescripción de ayer, hoy la dosis de satisfacción inmediata ha sido...









     Spatiphylo






                 Croto







            Orquidea

ME GUSTA....

Me gustan las personas que recuerdan...
Me gustan las personas que comparten sus recuerdos...
Me gusta que los recuerdos no se distorsionen; unos son buenos, otros malos...
Los recuerdos malos se pueden aparcar...
 
Me gusta recordar personas que han pasado por mi vida; me hace sonreir...
Me gusta recordar, me ayuda a seguir adelante...
Los recuerdos son como las fotos de mi vida; puedo mirarlos cuando quiera y enseñárselos a quien quiera. Tanto los buenos como los malos recuerdos me ayudan a ser mejor, a refugiarme en ellos cuando estoy triste.
No se puede vivir de recuerdos, pero tampoco sólo en el presente ¿de dónde vendrían las cosas que sabemos? ¿de dónde han salido las personas que queremos? ¿cómo y cuándo decidimos convertirnos en lo que somos?
Me gusta compartir mis recuerdos... me gusta compartir mi vida...

PRESCRIPCION FACULTATIVA...

Dps./
       
         Cosas que proporcionen satisfacción inmediata, como por ejemplo:



POR FIN... UNA PEQUEÑA BUENA NOTICIA!!!

(correo enviado el 21 de marzo de 2011)

Por fin parece que se ve un poco la luz... Ayer me hicieron un TAC y hoy me han dado resultados y parece que en sólo 6 semanas el tratamiento ha funcionado y el tumor ha disminuido de tamaño. Tampoco una barbaridad pero sí lo suficiente como para pensar que en tan poco tiempo la cosa va bien. El médico estaba muy contento y yo... pues se supone que también. Es una extraña sensación. Estaba esperando durante tanto tiempo tener una buena noticia que, cuándo me la dan, pienso "pues bueno, ya tocaba, ¿no?". Y lo único que me ha pasado es que me ha venido de golpe todo el cansancio de estos días atrás (no sé desde cuando) y me he quedado dormida en la sala de espera, mientras me llamaban para ponerme la quimio, y  durante la quimio... también. Como además me la tienen que poner tumbada en una cama para hacer electrocardiogramas antes y después, el día estaba algo frío y lluvioso, y me han puesto una mantita por encima... ha sido una provocación, no creeis?

El caso es que esta tarde me ha dolido muy poco la tripa (los nervios han ido de cañas y me han dejado en paz). Ahora estoy un poco cansada y me está dando un poco la lata, pero bueno, tiene solución.

Dentro de mes y medio me harán un nuevo TAC y espero que el correo que os mande sea una versión corregida y aumentada de este.

Muchos besos y descansad, que seguro que os lo mereceis!!!

QUÉ TIEMPOS AQUELLOS....

Qué tiempos aquellos en los que me levantaba temprano y después de un buen desayuno ya estaba dispuesta para hacer cualquier cosa, bien ponerme a leer en el sofá como a arreglar mi enorme terraza, ir a  natación o al vivero a comprar plantas; salir a la calle a lo que fuera, comprar, trabajar, caminar... Cocinaba muchísimo e incluso experimentaba al objeto de no aburrirnos. Unos días salía mejor y ottras peor, pero de ahí salieron muchas cosas buenas. Amasaba pan, hacía bizcochos. Cosía cortinas, hacía manteles, iba a cursos y conferencias. Después nació Héctor y algunas, pero sólo algunas, de esas actividades se trastocaron un poco, pero seguía teniendo el tiempo y las ganas de hacerlas.

Hoy por hoy hay días que me cuesta mucho levantarme; mi cuerpo no  me acompaña. Un dolor por aquí, otro por allá y por acullá. A veces tengo que hacer parada y fonda y quedarme un rato sentada en la cama, adormilada, hasta que ya no me duele tanto la tripa y me levanto... y ahí comienza una especie de cargo de conciencia por haber perdido parte de la mañana. Menos mal que ahora ya tengo algo de vida social para salir de vez en cuando y hace que estos estúpidos pensamientos salgan o se escondan en un  lugar recóndito de mi cabeza.

Me rebelo al cansancio que se apodera de mi hacia media tarde y eso me agota aún más. No tengo la capacidad suficiente como para dejarlo pasar de largo aprovechando el momento para descansar. Descansar... es duro hacerlo cuando apenas lo has necesitado en otros tiempos. O cuando lo necesitaba aprovechaba ese descanso leyendo, viendo la televisión, haciendo alguna manualidad o labor... no durmiendo, que es lo que ahora realmente necesito. Pero me da la sensación de que lo que duermo no lo vivo y no sé  si estoy en disposición de desperdiciar

NUEVA VISITA AL ONCÓLOGO

Ayer me tocaba pasar por el hospital para uno de los infinitos controles que me hacen (creo que ya tengo renovada toda la sangre, entre las transfusiones del año pasado y las extracciones de este...). Mi oncólogo estaba en un curso y me tocaba pasar consulta con su jefe, del cual ya he hablado alguna vez. Un hombre alto, atractivo y despistado (o al menos lo parece). La última vez que pasé por su consulta terminamos hablando de garitos de jazz. Esta vez la cosa fue por el lado más adulador o de levantamiento de ánimo. Cuando me da el resultado de la analítica, le comento que el día 20 me hacen un TAC y que espero que me diga algo bonito; y es ahí donde me contesta: A tí se te pueden decir muchas cosas bonitas porque tienes muchas cosas bonitas, un coco muy bien amueblado y además estás muy guapa!

Casi no pude decirle adiós... ya se me estaba escapando una lagrimilla!

ESAS VECES EN LAS QUE SE ME CAE LA BABA...

- H: Mamá, menos mal que has frenado y no has atropellado a ese señor. M: Es que si no la policía me metería en la cárcel. H: pues yo tendría que regañar a los polis, porque tú eres mi madre, y si no tendría que matarlos.

- Papá, mamá es una princesa?

- Qué bonitas son las flores de ese cuadro. Podíamos cortar una para tí.

-

FLACO FAVOR

Maldita la imagen que tenemos todos con respecto al cáncer. En cuanto el médico nos dice los resultados de los análisis, nos da el diagnóstico, ya nos vemos vomitando, sin pelo ni cejas, con la cara  demacrada. Con ese aspecto característico que da la quimioterapia. Todas esas imágenes que el cine, las series de televisión, las novelas han creado en nuestras cabezas. El principio del fin.

Esa es sólo la realidad que el espectador quiere ver. Es la imagen que vende: la del sufrimiento y la degeneración explícitas. Pero es sólo una pequeña parte de la realidad. La radioterapia no vende. No degenera externamente al que se trata, pero no explican que las secuelas son de por vida, mientras que la quimioterapia, por muy aparente que sea, a las seis semanas no deja rastro. Ocho como mucho. El pelo sale, el cuerpo vuelve a su sitio con una dieta adecuada y como mucho pueden dejar de salir cejas y pestañas.

La mayoría de la gente no vomita, incluso en muchos casos se puede seguir haciendo una vida más o menos normal, sin necesidad de estar postrado en actitud doliente. Pero, por ejemplo, con una radioterapia abdominal resulta que se pueden tener hemorragias incluso pasados varios años; los intestinos, la vejiga o cualquier órgano tratado con la radiación se queda como un filete a la plancha poco hecho y cualquier cirugía posterior puede fracasar. Pero eso no mola, porque son sólo posibilidades que se cuentan, pero no se ven, no tienen ningún morbo. ¿Cómo le vas a creer eso a alguien que tiene un aspecto estupendo? ¿Qué clase de guión sale de ahí?

Flaco favor es el que ha hecho el cine, la literatura y la lengua de muchos ciudadanos de a pie que han favorecido que el cáncer venza en ocasiones más por el miedo que hay a verse inmerso en ese tipo de mundo creado en la mente, que por lo que realmente es. No hay duda de que hay casos horribles, pero no hay como padecerlo y meterse en ese mundo, conocer gente y casos, para ver que hay gente muy normal que pasea por la calle que nadie diría que está padeciendo siquiera un catarro y sin embargo llevan años de largos tratamientos y seguimientos.

Así que en mano de los enfermos de cáncer está el levantar la voz contra todo eso y contar sin exageraciones ni sensacionalismos la realidad de esta enfermedad que, a decir de los especialistas, en pocos años se convertirá o se contemplará como una enfermedad crónica similar a la diabetes, una alergia alimentaria o una artrosis. Esa actitud hará que nuevos enfermos afronten esa nueva etapa de su vida con valentía y esperanza, y permitirán que la ciencia avance aún con más rapidez.

HOY

A veces soy una imagen en un sueño, rodeada de mariposas. Otras veces soy un mar de lágrimas atrapado en un pequeño vaso, un tornado en el tubo del aspirador. Muchas veces soy las espinas de un cáctus y lo que pretendo ser es una de esas bonitas orquídeas que se intentan cuidar y mantener en casa aunque no tengan ni una flor...

BREVE AUTOBIOGRAFÍA

Como casi todos los de nuestra generación, nací porque sí, porque era lo correcto y lo que tocaba. No había otra opción para nuestros padres. Eso o vivir con una asignatura sin aprobar, y con cierta culpabilidad pues era una desilusión para la familia. No nos buscaban. Veníamos, llegábamos.

Yo nací un martes y trece (de junio de 1967), que no sé si habrá marcado una parte de mi vida, pero si hubiese sido supersticiosa me hubiese hundido en la miseria. 

Me llamaron Soledad... y soy hija única. Tampoco sé si el nombre que pones a un hijo le marca en su vida, por eso yo he preferido ser prudente al poner nombre al mío, y cuando vi que Héctor significaba hombre culto y educado, me quedé tranquila y nos hizo decantarnos por él.

En aquellos años dudo mucho de que nadie hubiese oido hablar de lo que era un ecógrafo, ni se imaginaban la posibilidad de saber el sexo de los niños antes de nacer, salvo por pura probabilidad, tamaño, altura o forma puntiaguda de la barriga, sentido del movimiento circular de un péndulo sobre la barriga de la futura madre o la fase lunar en los días cercanos al parto. Y por ello la gente rezaba, entregaba su fe a alguna imagen y le daba limosnas-sobornos para ver si así conseguía lo que quería. Porque todos los hijos son bienvenidos y todos dan alegría... pero unos hacen más ilusión que otros. Por eso mi madre, en esos días le rezaba al Cristo de Medinaceli para que naciese un niño que se iba a llamar Antonio. Bien por probabilidad, bien porque el Cristo tenía peticiones más urgentes lo único que sucedió es que...¡¡¡ nació una niña el día de San Antonio!!! Y es que según su tía estaba perdiendo el tiempo con sus plegarias, porque era luna de niñas.

Esta anécdota sale a relucir bastantes veces porque, cuarenta años después, cuando me quedé embarazada y andábamos en ese trance de la búsqueda de nombre, comenzamos a bromear con el nombre de Benito, hasta el punto que amigos y familiares le llamaban así (yo fui la única que nunca lo hizo). Iba a nacer por cesárea programada y cuando el ginecólogo nos dio la fecha definitiva, Fernando comprobó, no sin pitorreo, que era... ¡¡¡el día de San Benito!!!

No sé si los astros guiarán nuestro futuro, nuestros horóscopos influirán en nuestra personalidad o un ser superior nos maneja como marionetas, pero hace ya tiempo que tengo mucho cuidado con lo que pido, pienso o deseo, porque para muestra un botón.

COMIENZA EL ENSAYO CLÍNICO

Vaya semanita... y las anteriores y lo que me queda de esta. En fin. Ya he comenzado el tratamiento nuevo. Es mareante la cantidad de veces que he tenido que ir al hospital para los previos y los que tendré que ir para los seguimientos y toma de datos. Pero bueno. El miércoles el oncólogo y la de ensayos clínicos (que ya no sé si es médico o qué, pero manda mogollón) estaban como si les hubiesen dado una bolsa de chuches. Emocionados me dicen los dos a la vez que me ha tocado el medicamento nuevo del ensayo, que no sólo consideran que puede ser muy efectivo, sino que en el caso de que falle siempre queda el tradicional. Así que si ellos están contentos, yo también tengo que estarlo. Pero claro, me tocó ir la semana pasada a ver si mis analíticas cumplían con las caracterçísticas pedidas, y a recoger datos de la medicación que tomo en la actualidad. Esta semana, el martes, a hacer nueva analítica, electrocardiograma, toma de constantes. El miércoles, vuelta a la misma operación, pero con quimioterapia de por medio (cortita) pero aislada en una habitación para toma de constantes, antes, después, a la media hora, a la hora y vuelta al día siguiente. Entre medias de todas esas tomas de datos recorro el hospital para ir cogiendo citas para pruebas que van a hacerme dentro de un mes, y así me tienen entretenida en esos momentos de espera.

Si lo juntamos al ajetreo de la vida normal, trabajar aunque sea poco, ir al dentista porque encima se me ha caido un empaste y me tienen que hacer una endodoncia (y por cuestiones que no vienen al caso me hicieron daño al matar el nervio), recoger a Héctor del colegio los días que me toca a mí, y que ninguno de los aparatos informáticos de la clínica y periféricos funcionaban, con lo que mientras pasas consulta tienes que estar la teléfono con un señor que intenta arerglarlo desde Madrid, acudir a consulta con la psícóloga... Ayer por la noche ya no podía más. Andaba como las gallinas, con el culo hacia afuera; no veía el momento de parar y no lo hice. Mientras Héctor jugaba puse unos embellecedores en el cuarto de baño. No me merecía la pena descansar media hora, no fuera que luego no me pudiese levantar. Además Fernando tenía partido (que también tiene derecho a estirar las piernas un poco) y tenía que llegar a las 9:30 levantada como fuese.

Así que esta noche he dormido a trompicones de lo cansada que estaba y esta mañana no sabía si me habían dado una paliza, tenía gripe, reacción de la quimio o qué. Pero con un poco de esfuerzo he superado esa fase y ya estoy recuperada... y pensando que este fin de semana vienen mis padres, no sabemos bien cuándo, a qué hora ni cuándo se van. Y que hay que preparar merienda para el domingo que es el cumple de Héctor y viene la family (afortunadamente escasa) a celebrarlo. Ya veremos cómo acabamos, o al menos como acabo. De momento no tengo que volver por el hospital hasta el miércoles, que ya está bien
En fin, vivita y coleando y superando etapas, me alegra saber que hay a quién le van saliendo las cosas bien (enhorabuena, Irene), que hay quién hace su publicidad de forma incansable (dale fuerte, Mamen) y que espero que las cosas vayan bien (ánimo, Justo), y que consigáis el trofeo para el comedor (seguiré votando, Pi). Los demás, aunque no personalice tanto, también os tengo en mente, aunque no me salen todos los casos a la vez.

Muchos besos a todos y si celebráis San valentín que os carguen de joyas y propiedades, que el amor ya vendrá después, jeje!!!


LA VIDA ES SUEÑO, Y LOS SUEÑOS... SUEÑOS SON.

Cada mañana al levantarme me invade una melancolía enorme. Melancolía de mi vida anterior, en la que me quejaba de ir a trabajar, de no tener tiempo para las cosas o tener que hacerlas corriendo. Pero las hacía. Tenía fuerza, lo hacía todo y llegaba al final del día cansada, pero muchas veces orgullosa de haber podido. Para no ser injusta, ahora también hago muchas de esas cosas, e incluso otras nuevas que antes no hacía. Pero estoy muy cansada.

Cada mañana es lo mismo. Me levanto, desayuno, me pongo triste y no sé cómo enfrentarme al nuevo día que me espera. Si tengo todo el día para mí, prácticamente lo pierdo. Si tengo que hacer cosas me cuestan un esfuerzo tremendo. Y a partir de las 5 o las 6 de la tarde, empiezo a desarrollar una actividad normal en cualquier persona y cuando llega la noche no encuentro el momento de irme a dormir, aunque lo hago. Si me dejase, cambiaría totalmente el ciclo de los días y me convertiría en un ser solitario y nocturno.

Afortunadamente, la vida me da muchas tareas diarias que no se pueden demorar. Citas con amigos (lo mejor), con médicos (no queda otro remedio), tareas de casa (ineludibles, si no viene Amparo), actividades en el exterior, Héctor (que me pone en marcha quiera o no y no permite bajadas de ánimo)...

Pero sueño con recuperar mi vida. Sueño con encontrar una lamparita con un genio, que me pidiese tres deseos. El primero sería volver a mi vida de hace dos años y medio, el segundo, que los que me rodean olviden ese periodo, y tercero, que yo no olvide para disfrutar de mi vida hasta el final. Por desgracia eso no puede ser, y tampoco sería justo salvarme yo de la quema mientras que personas a las que quiero muchísimo están pasando otras situaciones similares, de forma temporal o de forma permanente y siguen adelante con valentía. Y tengo mucho que aprender de ellas.

El peor sueño que he tenido el último año no era una pesadilla. Era lo más placentero que he tenido nunca. Soñaba que estaba bien, que me había curado, y no solo eso, sino que además había la certeza por parte de médicos y demás personas que aparecían en el sueño de que ya nunca más estaría enferma. Era uno de esos sueños reales, sin excentricidades. Todo transcurría como en el tiempo real, sin saltos; era una escena de la vida que yo estaba viviendo. Me desperté con una sensación de placer inmensa que duró... un segundo?, para acto seguido caer en un llanto de desilusión que me hizo perder un día completo de vacaciones. Todavía me acuerdo y se me encoje el corazón. Cómo algo tan real, incluso con tacto, con dimensión, podía destruirse de esa  manera y crear tanta desolación.

Siempre vamos a soñar con una vida mejor, presente, pasada o futura. Pero tenemos la que tenemos. Yo quiero recuperar mi vida, pero eso ya es imposible; ni aunque me cure del todo volveré a ser la misma. Como bien se dice, soñar es gratis, pero no hay que olvidar que los sueños,para bien o para mal... sueños son.


DOS PEQUEÑAS ESCENAS DE CELOS

Los padres a veces nos volvemos tontos con las cosas que hacen nuestros hijos y sobre todo cuando son pequeños. En esa época en la que van teniendo su propia personalidad y nos tiranizan con sus caprichos y con sus carantoñas. Nos llegan a sacar de quicio y cinco minutos después han conseguido que nos los estemos comiendo a besos, eso sí, si ellos tienen ganas de que se los demos.

Reconozco que como estoy en un momento un poco blandito de mi vida, en el que agradezco cualquier muestra de cariño, también estoy un poco predispuesta a disfrutar de esos momentos y no sé si será bueno o malo, dejo que Héctor me tiranice un poco.

Por otro lado es muy gracioso como desde hace unos días está un poco posesivo conmigo. Su mamá es suya y de nadie más. Ha habido dos momentos de morirse de risa, y yo quiero que se me queden grabados en la memoria y en la retina, por lo simpáticos e inocentes, y no exentos de cierta picardía.

El primero fue el sábado por la mañana. Se había venido a dormir con nosotros a mitad de la noche (supongo que por algún sueño o por estar a oscuras, nunca lo dice). Cuando nos despertamos por la mañana a la voz de "¡¡Levantaros!!", Fernando se acercó a mí y me abrazó. Se nos queda mirando y nos dice:
- ¿Por qué estais tan juntos? ¡Cada uno en su almohada! (mientras me tiraba de la cabeza).

Al día siguiente, cuando se iba a dormir, y en el momento de las despedidas oportunas, Fernando le coge en brazos. Me acerqué y di un beso a Fernando, cuando de repente oimos entre medias de los dos: "¡Ejem, ejem!", con el puñito tapándose la boca y riéndose con cara de pícaro.

Espero vivir muchos momentos de estos, recordarlos y compartirlos. Supongo que son comportamientos que se repiten en la mayoría de los niños, pero ya se sabe que para cada uno el suyo es el más listo y el más guapo!!!

RETENER EL TIEMPO

Hoy me han cambiado el tratamiento. He aceptado entrar en un ensayo clínico. No sé si eso es bueno o es malo. Lo que sí me consta es que puede ser una ayuda para otras personas. Siempre me consuela pensar que todas las cosas que me están pasando puedan ser una ayuda para otras personas.

Pero mientras, hay momentos duros. Siento que mi vida es una carrera de fondo y a la vez a contrarreloj. Tengo que estar fuerte para ir cubriendo etapas y a la vez no quiero que se me escapen una serie de cosas que quiero hacer. Cosas que cualquier persona las consideraría como algo rutinario en su vida y que para mí son de un valor inestimable. Ir al campo, de excursión, a Madrid en tren con Héctor, de vacaciones con Héctor y Fernando; tener charlas relajadas con los pies encima de un sofá con amigas mientras tomamos un té o una cerveza, según la hora. Otras ya ni siquiera las considero. Antes contaba con hacerlas en un futuro. Pero la posibilidad de futuro se va acortando y con él las actividades extraordinarias.

La incertidumbre de una nueva medicación, o más bien de sus efectos secundarios; de los posibles ingresos en el hospital, de la pérdida de tiempo... de mi valioso tiempo. Necesito ese tiempo. No lo puedo perder. Lo quiero. Quiero ese tiempo para compartirlo con la gente que está a mi alrededor, para enseñarle a Héctor cómo se disfruta de la vida, cómo se puede ser responsable y a la vez pasarlo muy bien... y que de hecho si hace las cosas bien hay más posibilidad de pasarlo en grande.

Someterme a un nuevo tratamiento es como mojarme las manos para poder retener al arena y que no se me escape entre los dedos. Eso es lo que quiero hacer con mi tiempo: retenerlo.

LAS OCHO Y DIEZ.

Volvió sobre sus pasos. No le bastó con volver la vista atrás, sino que deshizo el camino para ver lo que había en aquél agujero. Era tan negro que recordaba al infierno. A esa idea que se tiene de pequeño de un infierno negro con seres de color rojo que se movían alrededor de un fuego que emitía reflejos también rojos..

Pero no era solo oscuridad lo que había allí. ¿Qué extraño sentimiento morboso le inclinó a asomarse a aquél lugar? El miedo le sobrecogía pero no se podía alejar.

Al cabo de un rato retrocedió por donde había venido y por el camino se forzó a olvidar y a pensar en cosas brillantes, de colores; en suculentos manjares que le proporcionasen una sensación agradable y le quitasen ese amargo sabor de boca.

Al llegar al pueblo entró en el bar en el que siempre se tomaba una cerveza al volver de su paseo vespertino. Julio, el camarero, le puso sobre la barra un doble sin apenas espuma de una rica cerveza negra, bien reposada después de tirarla. Le extrañó que Victor no se la llevase a los labios inmediatamente para dar el largo trago que le devolvía color a la cara. Siempre era igual. Aparecía por la puerta del establecimiento con un color de piel casi céreo debido al frio del invierno y poco a poco recuperaba el característico rosado de las mejillas.

Victor no hacía más que mirar su jarra y darle vueltas. Comparaba mentalmente los dos tipos de oscuridad. La cerveza tradicionalmente llamaba negra no era tal, sino tostada. Un marrón oscuro con ciertos toques cobrizos al pasar la luz a través del líquido y el cristal.

Decidió marcharse a casa sin terminar su consumición, no fuese que se hiciese de noche. Se disculpó diciendo que que estaba incubando un constipado, pagó y se fue.

- Si es que ya no tiene usted edad para salir al monte con este frío, Don Víctor. Cualquier día nos va a dar un disgusto - le decía Julio mientras le cobraba. Pero él sabía que aquello no era ni un constipado ni cosa de la edad. Chasqueó la lengua, movió la cabeza negando y siguió limpiando la cristalería. Todo debía estar perfecto para cuando llegase el grupo municipal a cenar. No todos los días viene el alcalde a saborear las deliciosas tapas caseras que preparaba su hermano.

Victor llegó a casa y apenas probó bocado. Se marchó directamente a la cama en cuanto cayó la luz de la tarde. No se atrevió a apagar la luz; no quería sentirse rodeado de oscuridad. Tenía 72 años y era viudo desde los 50. Desde entonces había guardado luto por ella; no la podía olvidar. Llevaba flores a su tumba cada martes, el día de la semana en el que ella se marchó. Veintidos años sin faltar un solo martes, hiciese sol, lloviese o nevase. Seguía viéndola entrar por la puerta de casa diez minutos después de las ocho de la tarde, cuando cerraba su tienda de flores. Unas veces con un ramo en la mano, otras con una maceta y siempre con la sonrisa que a él le alegraba tanto el corazón. Cuando entraba, la casa entera parecía saludarle e incluso llegó a sentirse celoso de la puerta de la entrada, pues la tocaba antes que a él, que era el que esperaba con anhelo el beso de las ocho y diez de la tarde. El mismo que le dió aquél trece de junio de hacía ya veintidos años y cerró los ojos para nunca más volver a abrirlos. Aquél día, en lugar de llegar se marchó para nunca más volver. Desde entonces, Victor no estaba en casa nunca a aquella hora. Esperaba en el bar hasta la hora de cenar. No podía soportar que la puerta no se abriese.

Aquella noche pensó en el oscuro agujero y en la atracción que había tenido sobre él. Le vino a la cabeza como su mujer cerraba los ojos e intentó imaginar que vió en su último instante de vida... y solo podía ver oscuridad. La oscuridad del agujero que se hacía cada vez más grande y se acercaba a sus pies a punto de engullirlo.

Se despertó empapado en sudor. Había sido una pesadilla. Se levantó y sin siquiera desayunar salió a la calle y recorrió el mismo camino que el día anterior. Llegó hasta la Loma de la Encina igual que la víspera, pero no había ningún agujero. Dió vueltas y vueltas por la zona. Sin entender nada se sentó bajo el árbol dónde él creía que había estado el día anterior y suspiró.

Julio echó en falta a Víctor esa tarde; Don Víctor, como todo el mundo le llamaba. Mandó a uno de sus hijos, el más pequeño, a su casa a ver si le había pasado algo.

- Si es que este hombre, tan mayor y solo...si ya me parecía a mí ayer que no estaba bien. Anda, Felipe, vete a casa de Don Víctor a ver si necesita algo. Y Felipe volvió como se fue; sin saber nada. No estaba en casa. A Julio aquello no le gustó nada y como en ese momento aparecía por la puerta su otro hijo le dijo que se fuese al monte a buscar a Don Víctor.

- Si es que no puede ser. Si es que a sus años un traspiés puede ser fatal - y chasqueó la lengua y negó. Una hora después llegó una cuadrilla de la Policía Local. Habían encontrado a Don Víctor sentado al pie de una encina, allá en la Loma. Una sonrisa se dibijaba en su boca y por el buen color de su cara parecía dormido.

Por el pueblo se corrió la voz de lo sucedido y cada cual comentaba lo que le parecía. Unos que si había sido un infarto, otros que si su primo también se quedó con una sonrisa cuando le dió la embolia el verano enterior, pero menos mal que fue en casa y estaba su sobrina con él; otros, los más, que a quién se le ocurre, con el frío que estaba haciendo ese invierno, ir hasta la Loma... Pero Victor cerró los ojos sin comprender lo que ocurría... y en ese momento volvió a ver el agujero y la oscuridad a sus pies. Extendió su mano para tocar el borde y un beso se posó sobre su mejilla. Eran las ocho y diez cuando se reunió con su esposa al otro lado de la oscuridad...