ESAS VECES EN LAS QUE SE ME CAE LA BABA...

- H: Mamá, menos mal que has frenado y no has atropellado a ese señor. M: Es que si no la policía me metería en la cárcel. H: pues yo tendría que regañar a los polis, porque tú eres mi madre, y si no tendría que matarlos.

- Papá, mamá es una princesa?

- Qué bonitas son las flores de ese cuadro. Podíamos cortar una para tí.

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FLACO FAVOR

Maldita la imagen que tenemos todos con respecto al cáncer. En cuanto el médico nos dice los resultados de los análisis, nos da el diagnóstico, ya nos vemos vomitando, sin pelo ni cejas, con la cara  demacrada. Con ese aspecto característico que da la quimioterapia. Todas esas imágenes que el cine, las series de televisión, las novelas han creado en nuestras cabezas. El principio del fin.

Esa es sólo la realidad que el espectador quiere ver. Es la imagen que vende: la del sufrimiento y la degeneración explícitas. Pero es sólo una pequeña parte de la realidad. La radioterapia no vende. No degenera externamente al que se trata, pero no explican que las secuelas son de por vida, mientras que la quimioterapia, por muy aparente que sea, a las seis semanas no deja rastro. Ocho como mucho. El pelo sale, el cuerpo vuelve a su sitio con una dieta adecuada y como mucho pueden dejar de salir cejas y pestañas.

La mayoría de la gente no vomita, incluso en muchos casos se puede seguir haciendo una vida más o menos normal, sin necesidad de estar postrado en actitud doliente. Pero, por ejemplo, con una radioterapia abdominal resulta que se pueden tener hemorragias incluso pasados varios años; los intestinos, la vejiga o cualquier órgano tratado con la radiación se queda como un filete a la plancha poco hecho y cualquier cirugía posterior puede fracasar. Pero eso no mola, porque son sólo posibilidades que se cuentan, pero no se ven, no tienen ningún morbo. ¿Cómo le vas a creer eso a alguien que tiene un aspecto estupendo? ¿Qué clase de guión sale de ahí?

Flaco favor es el que ha hecho el cine, la literatura y la lengua de muchos ciudadanos de a pie que han favorecido que el cáncer venza en ocasiones más por el miedo que hay a verse inmerso en ese tipo de mundo creado en la mente, que por lo que realmente es. No hay duda de que hay casos horribles, pero no hay como padecerlo y meterse en ese mundo, conocer gente y casos, para ver que hay gente muy normal que pasea por la calle que nadie diría que está padeciendo siquiera un catarro y sin embargo llevan años de largos tratamientos y seguimientos.

Así que en mano de los enfermos de cáncer está el levantar la voz contra todo eso y contar sin exageraciones ni sensacionalismos la realidad de esta enfermedad que, a decir de los especialistas, en pocos años se convertirá o se contemplará como una enfermedad crónica similar a la diabetes, una alergia alimentaria o una artrosis. Esa actitud hará que nuevos enfermos afronten esa nueva etapa de su vida con valentía y esperanza, y permitirán que la ciencia avance aún con más rapidez.

HOY

A veces soy una imagen en un sueño, rodeada de mariposas. Otras veces soy un mar de lágrimas atrapado en un pequeño vaso, un tornado en el tubo del aspirador. Muchas veces soy las espinas de un cáctus y lo que pretendo ser es una de esas bonitas orquídeas que se intentan cuidar y mantener en casa aunque no tengan ni una flor...

BREVE AUTOBIOGRAFÍA

Como casi todos los de nuestra generación, nací porque sí, porque era lo correcto y lo que tocaba. No había otra opción para nuestros padres. Eso o vivir con una asignatura sin aprobar, y con cierta culpabilidad pues era una desilusión para la familia. No nos buscaban. Veníamos, llegábamos.

Yo nací un martes y trece (de junio de 1967), que no sé si habrá marcado una parte de mi vida, pero si hubiese sido supersticiosa me hubiese hundido en la miseria. 

Me llamaron Soledad... y soy hija única. Tampoco sé si el nombre que pones a un hijo le marca en su vida, por eso yo he preferido ser prudente al poner nombre al mío, y cuando vi que Héctor significaba hombre culto y educado, me quedé tranquila y nos hizo decantarnos por él.

En aquellos años dudo mucho de que nadie hubiese oido hablar de lo que era un ecógrafo, ni se imaginaban la posibilidad de saber el sexo de los niños antes de nacer, salvo por pura probabilidad, tamaño, altura o forma puntiaguda de la barriga, sentido del movimiento circular de un péndulo sobre la barriga de la futura madre o la fase lunar en los días cercanos al parto. Y por ello la gente rezaba, entregaba su fe a alguna imagen y le daba limosnas-sobornos para ver si así conseguía lo que quería. Porque todos los hijos son bienvenidos y todos dan alegría... pero unos hacen más ilusión que otros. Por eso mi madre, en esos días le rezaba al Cristo de Medinaceli para que naciese un niño que se iba a llamar Antonio. Bien por probabilidad, bien porque el Cristo tenía peticiones más urgentes lo único que sucedió es que...¡¡¡ nació una niña el día de San Antonio!!! Y es que según su tía estaba perdiendo el tiempo con sus plegarias, porque era luna de niñas.

Esta anécdota sale a relucir bastantes veces porque, cuarenta años después, cuando me quedé embarazada y andábamos en ese trance de la búsqueda de nombre, comenzamos a bromear con el nombre de Benito, hasta el punto que amigos y familiares le llamaban así (yo fui la única que nunca lo hizo). Iba a nacer por cesárea programada y cuando el ginecólogo nos dio la fecha definitiva, Fernando comprobó, no sin pitorreo, que era... ¡¡¡el día de San Benito!!!

No sé si los astros guiarán nuestro futuro, nuestros horóscopos influirán en nuestra personalidad o un ser superior nos maneja como marionetas, pero hace ya tiempo que tengo mucho cuidado con lo que pido, pienso o deseo, porque para muestra un botón.

COMIENZA EL ENSAYO CLÍNICO

Vaya semanita... y las anteriores y lo que me queda de esta. En fin. Ya he comenzado el tratamiento nuevo. Es mareante la cantidad de veces que he tenido que ir al hospital para los previos y los que tendré que ir para los seguimientos y toma de datos. Pero bueno. El miércoles el oncólogo y la de ensayos clínicos (que ya no sé si es médico o qué, pero manda mogollón) estaban como si les hubiesen dado una bolsa de chuches. Emocionados me dicen los dos a la vez que me ha tocado el medicamento nuevo del ensayo, que no sólo consideran que puede ser muy efectivo, sino que en el caso de que falle siempre queda el tradicional. Así que si ellos están contentos, yo también tengo que estarlo. Pero claro, me tocó ir la semana pasada a ver si mis analíticas cumplían con las caracterçísticas pedidas, y a recoger datos de la medicación que tomo en la actualidad. Esta semana, el martes, a hacer nueva analítica, electrocardiograma, toma de constantes. El miércoles, vuelta a la misma operación, pero con quimioterapia de por medio (cortita) pero aislada en una habitación para toma de constantes, antes, después, a la media hora, a la hora y vuelta al día siguiente. Entre medias de todas esas tomas de datos recorro el hospital para ir cogiendo citas para pruebas que van a hacerme dentro de un mes, y así me tienen entretenida en esos momentos de espera.

Si lo juntamos al ajetreo de la vida normal, trabajar aunque sea poco, ir al dentista porque encima se me ha caido un empaste y me tienen que hacer una endodoncia (y por cuestiones que no vienen al caso me hicieron daño al matar el nervio), recoger a Héctor del colegio los días que me toca a mí, y que ninguno de los aparatos informáticos de la clínica y periféricos funcionaban, con lo que mientras pasas consulta tienes que estar la teléfono con un señor que intenta arerglarlo desde Madrid, acudir a consulta con la psícóloga... Ayer por la noche ya no podía más. Andaba como las gallinas, con el culo hacia afuera; no veía el momento de parar y no lo hice. Mientras Héctor jugaba puse unos embellecedores en el cuarto de baño. No me merecía la pena descansar media hora, no fuera que luego no me pudiese levantar. Además Fernando tenía partido (que también tiene derecho a estirar las piernas un poco) y tenía que llegar a las 9:30 levantada como fuese.

Así que esta noche he dormido a trompicones de lo cansada que estaba y esta mañana no sabía si me habían dado una paliza, tenía gripe, reacción de la quimio o qué. Pero con un poco de esfuerzo he superado esa fase y ya estoy recuperada... y pensando que este fin de semana vienen mis padres, no sabemos bien cuándo, a qué hora ni cuándo se van. Y que hay que preparar merienda para el domingo que es el cumple de Héctor y viene la family (afortunadamente escasa) a celebrarlo. Ya veremos cómo acabamos, o al menos como acabo. De momento no tengo que volver por el hospital hasta el miércoles, que ya está bien
En fin, vivita y coleando y superando etapas, me alegra saber que hay a quién le van saliendo las cosas bien (enhorabuena, Irene), que hay quién hace su publicidad de forma incansable (dale fuerte, Mamen) y que espero que las cosas vayan bien (ánimo, Justo), y que consigáis el trofeo para el comedor (seguiré votando, Pi). Los demás, aunque no personalice tanto, también os tengo en mente, aunque no me salen todos los casos a la vez.

Muchos besos a todos y si celebráis San valentín que os carguen de joyas y propiedades, que el amor ya vendrá después, jeje!!!


LA VIDA ES SUEÑO, Y LOS SUEÑOS... SUEÑOS SON.

Cada mañana al levantarme me invade una melancolía enorme. Melancolía de mi vida anterior, en la que me quejaba de ir a trabajar, de no tener tiempo para las cosas o tener que hacerlas corriendo. Pero las hacía. Tenía fuerza, lo hacía todo y llegaba al final del día cansada, pero muchas veces orgullosa de haber podido. Para no ser injusta, ahora también hago muchas de esas cosas, e incluso otras nuevas que antes no hacía. Pero estoy muy cansada.

Cada mañana es lo mismo. Me levanto, desayuno, me pongo triste y no sé cómo enfrentarme al nuevo día que me espera. Si tengo todo el día para mí, prácticamente lo pierdo. Si tengo que hacer cosas me cuestan un esfuerzo tremendo. Y a partir de las 5 o las 6 de la tarde, empiezo a desarrollar una actividad normal en cualquier persona y cuando llega la noche no encuentro el momento de irme a dormir, aunque lo hago. Si me dejase, cambiaría totalmente el ciclo de los días y me convertiría en un ser solitario y nocturno.

Afortunadamente, la vida me da muchas tareas diarias que no se pueden demorar. Citas con amigos (lo mejor), con médicos (no queda otro remedio), tareas de casa (ineludibles, si no viene Amparo), actividades en el exterior, Héctor (que me pone en marcha quiera o no y no permite bajadas de ánimo)...

Pero sueño con recuperar mi vida. Sueño con encontrar una lamparita con un genio, que me pidiese tres deseos. El primero sería volver a mi vida de hace dos años y medio, el segundo, que los que me rodean olviden ese periodo, y tercero, que yo no olvide para disfrutar de mi vida hasta el final. Por desgracia eso no puede ser, y tampoco sería justo salvarme yo de la quema mientras que personas a las que quiero muchísimo están pasando otras situaciones similares, de forma temporal o de forma permanente y siguen adelante con valentía. Y tengo mucho que aprender de ellas.

El peor sueño que he tenido el último año no era una pesadilla. Era lo más placentero que he tenido nunca. Soñaba que estaba bien, que me había curado, y no solo eso, sino que además había la certeza por parte de médicos y demás personas que aparecían en el sueño de que ya nunca más estaría enferma. Era uno de esos sueños reales, sin excentricidades. Todo transcurría como en el tiempo real, sin saltos; era una escena de la vida que yo estaba viviendo. Me desperté con una sensación de placer inmensa que duró... un segundo?, para acto seguido caer en un llanto de desilusión que me hizo perder un día completo de vacaciones. Todavía me acuerdo y se me encoje el corazón. Cómo algo tan real, incluso con tacto, con dimensión, podía destruirse de esa  manera y crear tanta desolación.

Siempre vamos a soñar con una vida mejor, presente, pasada o futura. Pero tenemos la que tenemos. Yo quiero recuperar mi vida, pero eso ya es imposible; ni aunque me cure del todo volveré a ser la misma. Como bien se dice, soñar es gratis, pero no hay que olvidar que los sueños,para bien o para mal... sueños son.