LA VIDA ES SUEÑO, Y LOS SUEÑOS... SUEÑOS SON.

Cada mañana al levantarme me invade una melancolía enorme. Melancolía de mi vida anterior, en la que me quejaba de ir a trabajar, de no tener tiempo para las cosas o tener que hacerlas corriendo. Pero las hacía. Tenía fuerza, lo hacía todo y llegaba al final del día cansada, pero muchas veces orgullosa de haber podido. Para no ser injusta, ahora también hago muchas de esas cosas, e incluso otras nuevas que antes no hacía. Pero estoy muy cansada.

Cada mañana es lo mismo. Me levanto, desayuno, me pongo triste y no sé cómo enfrentarme al nuevo día que me espera. Si tengo todo el día para mí, prácticamente lo pierdo. Si tengo que hacer cosas me cuestan un esfuerzo tremendo. Y a partir de las 5 o las 6 de la tarde, empiezo a desarrollar una actividad normal en cualquier persona y cuando llega la noche no encuentro el momento de irme a dormir, aunque lo hago. Si me dejase, cambiaría totalmente el ciclo de los días y me convertiría en un ser solitario y nocturno.

Afortunadamente, la vida me da muchas tareas diarias que no se pueden demorar. Citas con amigos (lo mejor), con médicos (no queda otro remedio), tareas de casa (ineludibles, si no viene Amparo), actividades en el exterior, Héctor (que me pone en marcha quiera o no y no permite bajadas de ánimo)...

Pero sueño con recuperar mi vida. Sueño con encontrar una lamparita con un genio, que me pidiese tres deseos. El primero sería volver a mi vida de hace dos años y medio, el segundo, que los que me rodean olviden ese periodo, y tercero, que yo no olvide para disfrutar de mi vida hasta el final. Por desgracia eso no puede ser, y tampoco sería justo salvarme yo de la quema mientras que personas a las que quiero muchísimo están pasando otras situaciones similares, de forma temporal o de forma permanente y siguen adelante con valentía. Y tengo mucho que aprender de ellas.

El peor sueño que he tenido el último año no era una pesadilla. Era lo más placentero que he tenido nunca. Soñaba que estaba bien, que me había curado, y no solo eso, sino que además había la certeza por parte de médicos y demás personas que aparecían en el sueño de que ya nunca más estaría enferma. Era uno de esos sueños reales, sin excentricidades. Todo transcurría como en el tiempo real, sin saltos; era una escena de la vida que yo estaba viviendo. Me desperté con una sensación de placer inmensa que duró... un segundo?, para acto seguido caer en un llanto de desilusión que me hizo perder un día completo de vacaciones. Todavía me acuerdo y se me encoje el corazón. Cómo algo tan real, incluso con tacto, con dimensión, podía destruirse de esa  manera y crear tanta desolación.

Siempre vamos a soñar con una vida mejor, presente, pasada o futura. Pero tenemos la que tenemos. Yo quiero recuperar mi vida, pero eso ya es imposible; ni aunque me cure del todo volveré a ser la misma. Como bien se dice, soñar es gratis, pero no hay que olvidar que los sueños,para bien o para mal... sueños son.


4 comentarios:

  1. Que bonito escribes. La salud tendría que ser como nuestras clases de religión en el cole, que el cura te dejaba regalar parte de tu nota a los compañeros para que aprobaran. Mucho ánimo.

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    1. Muchas gracias, Luis. Es agradable saber que alguien lee estas cosas que se hacen en la soledad del comedor de casa. Prometo ser más alegre en próximas intervenciones. Besos.!!!

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    2. Tienes mucha suerte de ser capaz de escribir todo esto, de saber que la vida que tienes es la que tienes y que hay que vivirla lo mejor posible.
      Es verdad que los sueños por muy cercanos que puedan parecer son sueños, pero también es bonito poder disfrutar de esos momentos aunque no sepas si llegarán o no. Lo dificil y que hay que aprender es saber disfrutarlos.

      Sigue sonriendo que lo haces muy bien, y a todos nos encanta!
      Me gusta mucho leer tu blog, Sol, enhorabuena!

      Un abrazote.

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    3. Gracias, Inés. Por cierto... es posible que no me pueda hacer seguidora de tu blog? es que a veces lo miro pero no me deja hacerlo. Muchos besos a tod@s y un abrzote para tí.

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