SIGUIENDO CON LA SINCERIDAD...

Esto me está resultando muy difícil. Me encuentro ahora mismo en una encrucijada en la que no voy a poder escoger camino hasta el día 4 de julio. Cómo voy a llegar allí? No lo sé, no lo sé; la verdad es que no sé... Sé que voy a llegar, pero no sé en que estado. Los nervios están pudiendo conmigo hasta el punto de hacerme perder tres kilos en muy poco tiempo (unos 10 días). Es verdad que hace calor y que no se comen cosas tan nutritivas como en invierno y además se suda mucho, pero lo normal es que la gente engorde, con los helados, los refrescos y todas esas cosas. Yo no. Pero eso no es de ahora, ha sido siempre. Pero antes no importaba, porque estaba sana, o al menos lo parecía. A saber desde cuando viene esto que tengo. A veces pienso si Héctor no ha estado conviviendo nueve meses con los sarcomas. Espero que no y en caso positivo que no hayan hecho mella en él.

He conseguido dormir bien dos noches seguidas, pero en cuanto abro un ojo o soy consciente de que lo puedo abrir no creo que pase ni siquiera un segundo antes de que comience la angustia mañanera. No me ha dado tiempo a pensar en nada, ningún pensamiento ha llegado a mi cabeza, pero la angustia si ha llegado al pecho y me quiere ahogar. Mis nervios, en lugar de agradecer un nuevo día en este mundo de mierda (perdón, en este mundo), lo que hacen es hacerme aborrecerlo hasta que llega la tarde.

¿Qué diferencia hay entre la mañana y la tarde, cuando para mí las mañanas siempre han sido el mejor momento del día? ¿Qué extraño duende malvado se ha metido en mi cabeza y me la ha dado la vuelta del revés? Esto sólo lo puede entender el que lo padece. Desde fuera es fácil decir "anímate", "haz cosas para entretenerte", "eso son los nervios", "tienes que alejar la tristeza o la gente se alejará de ti", "tienes que ser fuerte"... y todo es cierto; todo. Pero desde dentro es difícil hasta permanecer en un sitio sentada, de pie, tumbada o en la calle. Quiero hacer todo y no me apetece nada. Tengo muchas cosas para entretenerme; cosas que me gustan mucho y que nunca tenía tiempo para hacer. Pues mira, ahora lo tengo y no las hago.

Pero ¿que es lo que quiero?; ¿qué es lo que realmente quiero?. Pues un imposible. Quiero que estos dos años y medio últimos de mi vida desaparezcan. Quiero que los borren del disco duro de mi cabeza, olvidar para siempre. 

Están muy bien los pensamientos positivos, la espiritualidad, encontrar el verdadero yo y el sentido de nuestra vida... pero seguimos siendo los mismos. La persona positiva sigue siendo positiva, la pesimista sigue viéndolo todo negro, el miedo se queda enquistado y cada vez que nos vemos un grano ya vemos una terrible enfermedad. Y al ir de vacaciones a un sitio precioso comprobaremos los centros de salud y hospitales más cercanos, un flemón es un tumor en la mandíbula y adelgazar un kilo es haber recaído en la enfermedad. Y eso lo pienso yo y cualquier otra persona que haya pasado por un trance similar... por desgracia. Y si somos sinceros lo reconoceremos y si somos unos valientes de pacotilla o unos fanfarrones, pues no.

Vale. No hay que renunciar, no hay que rendirse, no hay que luchar. Hay que vivir con, convivir... pero con todo lo anterior también. No dejo de arreglarme por las mañanas y para salir a la calle. Me niego a salir con las cejas sin pintar, ni los labios. Eso ya es parte de una personalidad y los momentos en los que no me ha importado eso siquiera era que ya no me importaba nada. 

Así que, nada; a dejar pasar los días, a esperar a que esta mala etapa se pase (rectifico, a que esta etapa se pase; no hay que juzgar) y estoy segura de que volverán buenos y mejores tiempos, sin descartar otros peores...y deseo de todo corazón que todos ellos sean de corta duración. Lo que cuesta por lo que vale. Renuncio a la felicidad plena con tal de no ser demasiado infeliz.

MALAS JUGADAS DE LA MENTE...

Hace tiempo que no me encuentro bien. Lloraba cada día, pero sólo a primera hora de la mañana. Después me animaba, me arreglaba, me iba a la calle o me ponía a hacer cosas y se me pasaba un poco. Seguía preocupada y triste, pero me las apañaba para hacerme la comida, salir a tomar un aperitivo, leer, hablar por teléfono... en fin, cosas. Pero esta semana, después de un fin de semana malo, con dolores muy molestos, algo se cruzó en mi cabeza. El lunes por la mañana comenzó mal. Una mala noticia por la mañana (alguien había tenido una recaida en el cáncer, tras poco tiempo después de haberse recuperado); unas palabras poco afortunadas aunque con buena intención; una posible solución a mis problemas de dolor por parte del médico, con una explicación más que oportuna. 

Y a partir de ahí me invadió una tristeza tan grande que no me ha dejado pensar con claridad. Se han removido miedos escondidos, cansancio, enfado... y se han marchado las ganas de hacer cosas. Eso, añadido a un dolor incómodo hace que la vida no sea muy fácil. Con seguridad que yo también pongo mi granito de arena para que sea más difícil. Si no soy sincera conmigo mal vamos. 

Pero yo sé que voy a salir de esto. No tiene sentido estar así, mi vida es la que es y la tengo que aceptar. Y me tengo que aceptar a mi misma... por narices!!!

AYER...

Ayer fue mi cumpleaños. Fue un día muy raro; pasé mucho, demasiado diría mejor, tiempo llorando. Fui afortunada porque vinieron unos amigos a comer conmigo (gracias, Jose, gracias, Nuria). Me llamó gente que me quiere y a la que quiero... y no le cogí el teléfono a otros, porque no tenía ánimo para ello. No quería que me preguntaran ¿qué  tal, cómo estás? y echarme a llorar una vez más. Es incómodo y molesto, para todos, incluida yo.
Tuve mis regalos, y besos... y a las nueve y media de la noche poco más o menos tuve un ¡Buenas noches, guapaaaa! de parte de Héctor, que fue el mejor regalo del mundo.
Así que, por muy triste y deprimida que esté, por muy duro que parezca todo, por muy cansada que esté, cada día que pasa es un día que estoy más cerca del final de esta pesadilla y entonces seré yo la que podré decir con una risa y alegría ¡Buenas noches, guapooo! a todo aquel que quiera y a Fernando y a Héctor los primeros.