FLOR...







Algunos días Héctor me deja una flor en la mesita de noche para que no tenga miedo cuando me vaya a dormir. 


CICLO 9, DIA 1.

Este no era un día de quimioterapia normal. Era un día en el que tocaba tomar una decisiónbastante importante. Aproximadamente dos semanas antes las bolsas con las que controlaba mi fístula abdominal se despegaban con gran facilidad. Se había hecho tiempo atrás una úlcera que había ido creciendo hasta rebasar los bordes del disco de sujección y por tanto debía pegarlo encima de ellas. Fui a la consulta del cirujano, me dieron un nuevo sistema de de control (muy aparatoso, por cierto), y me dijo el médico que comentara con el oncólogo la posibilidad de abandonar la quimioterapia de forma temporal.

Ese día lo pasé bastante disgustada, pero no tanto como podía haberlo estado. Apenas lloré y mi mente se pasaba a otros temas con facilidad. Parece ser que la he entrenado eficazmente. Yo no quería abandonar el tratamiento, porque me estaba yendo bien y en cualquier caso quería llegar al TAC del 30 de agosto.

Por fin llegó el momento de entrar en la consulta del oncólogo (ciclo 9, día 1). El resumen de dicha visita es que en los ensayos clínicos no suelen permitir suspensiones de mas de una semana, con lo cual tampoco ganaba nada. Y en el caso de que se suspendiera el ensayo, antes o después comenzaría con una nueva quimioterapia, y no hay ninguna que permita cerrar una herida de ese porte. Por lo tanto decidimos dejar esa supuesta semana de descanso para cuando fuese realmente necesaria y no ahora que la herida se podía controlar, Fernando cogía vacaciones y estaban mis padres en casa echando una mano.

Lo peor de esto es la limitación de movimientos, intentar agacharme lo menos posible para que el disco no se doble, o se doble lo menos posible. Lo que peor llevo es lo de conducir y tener que estar dependiendo de que alguien me traiga o lleve, ya que ahora tengo a quién lo haga, pero en cuanto llegue la última semana de agosto se acabó lo que se daba.

VUELTA A LA NORMALIDAD

No sé como pero la normalidad vuelve a mi estado de ánimo. Ha habido algún cambio. Mis padres han venido a ayudar, Héctor está feliz de tener en casa a sus abuelitos. A mi se me ha pasado el miedo de la espera de la siguiente consulta con el oncólogo y parece que tenemos controlado, de momento, el nuevo sistema de cura de la fístula.

Espero que la normalidad dure muuuuuuuucho tiempo.

ESTOY HECHA UN LIO

Estoy hecha un lío y no sé cómo deshacerme. Supongo que el resto del mundo tendrá dilemas similares. Lo que es bueno para una cosa es malo para otra, y hay que elegir lo menos malo... y no sé si ahora tienen que elegir por mí.

Me ha salido poco a poco una úlcera alrededor de la fístula que hace que tenga que llevar un sistema de recoleccion de fluidos grande y aparatoso, de manera que me ponga lo que me ponga, se nota. Pero eso es lo de menos. Lo malo es que tengo que plantear al oncólogo si puedo seguir con el tratamiento de quimioterapia o no. Dejar un tratamiento con el que llevo 6 meses ya y que está funcionando. Mandar 6 meses de esfuerzo a la mierda. Seis meses de madrugones, análisis, dolores, tristeza, ansiedad... Había conseguido estar estable anímicamente, ¡estaba contenta! Y un día que amaneció normal, como los demás; un día que se me soltaban las bolsas de ostomía como tantas veces y se me ocurrió preguntar a los que saben. Ese día todo se volvió del revés en mi cabeza.

Yo estaba contenta. Yo tenía ilusión, planes, cosas que hacer. Y ese día yo lloraba y lloraba. Aún no sé cómo fui capaz de coger el coche con el tiempo justo de llegar al hospital y que me mirasen la fístula. y aún no sé cómo voy a mantenerme en buen estado hata que tengan que tomar esa decisión. Pero tengo que hacerlo.

Hace poco decía que iba a disfrutar de los buenos tiempos mientras durasen, y que era consciente de que volverían los regulares o malos. Sigo siendo consciente, pero no creo que nadie sea capáz de quedarse tal cual cuando esos tiempos llegan. Como un preso cuando vuelve a la cárcel, aunque haya estado muchas veces. Me veo agarrándome a las rejas y mirando con lástima al exterior. Pero voy a salir otra vez. Mejor dicho, no voy a dejarme encerrar. Quiero pasarlo bien y puedo hacerlo.

BUENOS TIEMPOS

Esta ha sido una buena semana. Desde febrero hasta la semana pasada lo he pasado muy mal. Lloraba y lloraba cada mañana al despertarme, sin poder controlarme. Tenía muchos dolores en la tripa y no me hacía ilusión ni siquiera que el oncólogo me dijese que todo iba bien. Sólo estaba algo normal cuando estaba entretenida y con gente. Esta tristeza crónica desembocó en ansiedad. Falta de aire, parecía que me iba a ahogar; taquicardias, movimientos involuntarios de piernas... y así todas las mañanas. Después comía y ya estaba tan feliz, y según avanzaba la tarde lo de la mañana me parecía imposible. Hacía planes para el día siquiente, planes que no cumplía porque esa mañana volvía a ser espantosa. Llegué a pensar que eran las pastillas que me había recetado el médico para el dolor. No encontraba otra explicación.

Pero yo no quería estar así. Yo no soy así. No es que sea la alegría de la huerta, pero siempre he estado activa; me gusta hacer muchas cosas y no tengo problema para estar sola. Y estaba decidida a hacer lo que fuera para salir de eso, lo que quiera que fuera: pastillas, meditación, ejercicios de relajación o hacer el pino puente si fuese necesario. 

Irene me contaba por teléfono que estaba yendo a sesiones de reiki y que se encontraba muy bien, y que además otros amigos también iban, e incluso sus hijos, y que estaban notando mucha mejoría tanto en estado de ánimo como en salud. Y por casualidad, que es como suelen pasar estas cosas, el reiki vino a mí. 

En la primera sesión le comenté a Dori (así se llama la chica que lo hace) que yo era un poco excéptica con respecto a este tipo de prácticas, ya que con la homeopatía me fue fatal, aparte de gastarme un dineral para nada. Ella, muy comprensiva, me dijo que las cosas había que verlas para creerlas. Esto fue el miércoles de la semana pasada y el sábado a mediodía, después de tres mañanas más con ansiedad todo lo malo desapareció. El domingo me levanté muy contenta, sin ningún malestar en mi ánimo, con muy poco dolor y con una sensación muy placentera. Algo había pasado. Volvía a ser yo. Y no sé por qué. Reiki, tryptizol, fluoxetina, cansancio de mí misma... o todo junto. No pienso hacer experimentos ni quiero saber qué es. Simplemente quiero seguir así.

Y esta vez sí que me alegré cuando el médico me dijo que las cosas iban bien. Quizás esta vez yo sabía que las cosas iban bien. Y aunque soy consciente de que volverán regulares o malos tiempos, quiero disfrutar de los buenos mientras duren.