DORITA

La primera casualidad curiosa que recuerdo fue en los años 80, cuando estaba en cuarto de Veterinaria. Me fui con Cristina a pasar unos días a Granada. Ella era de Almería y se había echado un noviete que estudiaba en Granada. Se llamaba Jorge y creo que su amigo se llamaba Pedro. Vivían en un apartamento muy curioso en la calle Duquesa 21 (es curioso los datos inútiles que se pueden llegar a retener). Era una casa típica granadina rehabilitada, en la que el patio interior era el distribuidor de los distintos apartamentos. Entre las muchas cosas de las que hablamos entre fiesta y fiesta salió a relucir que mi familia materna era de Santander y que veraneaba en Cosgaya, un pequeño pueblo de los Picos de Europa. Dudo que ese peblo tenga más de 50  habitantes empadronados. Y van y me dicen que tienen una amiga en Granada estudiando la carrera de traductora, que se llama Dorita y que es de ese pueblo. Una noche de farra nos la encontramos y ninguna de las dos daba crédito. Habíamos coincidido en tiempo y espacio en dicho pueblo y en Potes; habíamos tomado copas con la misma gente y en los mismos bares y ninguna de las dos recordaba haber visto a la otra. Hay que reseñar una vez más que eran los años 80 y ambas éramos de lo más estrambóticas, no pasábamos desapercibidas. Y nunca más nos hemos vuelto a ver.








NO SE PERMITE NINGUN ERROR...

Esta mañana he estado el IVO para un análisis rutinario. Eso conlleva darse un madrugón y salir de casa de noche. Ese no es el problema mayor, ya que hay mucha gente que se levanta y va a trabajar a esas horas cada día y no pasa nada. El problema es que casi todas las personas que vamos allí, aunque tengamos buen aspecto, tenemos algo dentro quenos da miedo y que nos puede matar. Somos vulnerables y nos cuesta más hacer cosas cotidianas.

Cuando comencé este nuevo tratamiento, el día 10 de octubre, quedé con el oncólogo en que el día 23 acudiría al hospital para hacer un hemograma de control y pasar por consulta. Y pondría la mano en el fuego y no me quemaría si me apuesto que oí la palabra hemograma. Me extrañó, ya que habíamos hablado de la posible hapatotoxicidad del tratamiento. pero pensé que, al ser más o menos el día medio del ciclo, sería para mirar las defensas. 

Por otro lado, había quedado con la psicóloga con la que había estado en primavera con las sesiones de mindfulness en que este mismo día hablaríamos de que me había parecido la sesión conjunta del mes pasado.

Pues bien. Me planto en el hospital a las 8 de la mañana, me sacan no sé cuantos tubos de sangre y cuando le digo a la supervisora de enfermeras que sólo es para un hemograma y que no tengo volante, también le extraña, pero no se plantea preguntar al médico ni por supuesto guardar una muestra de sangre por si en un momento dado hace falta para algo, como es este caso mío. Cuando me llaman para pasar a consulta me dicen que como es que han tachado la bioquímica y que tengo que volver al día siguiente. Por supuesto no es error del médico, es error del paciente, que se fastidia y vuelve a pegarse el madrugón padre al día siguiente, porque nadie tiene la idea de que se puede guardar sangre.

Entre la extracción de sangre y la consulta me paso por psicología para hablar con Rocío, tal y como habíamos quedado y cuando me ve me dice que se le había olvidado, que se iba a hacer una visita a domicilio y que le sabía muy mal haberme hecho ir para nada. Y yo le digo que no pasa nada, que había tenido que ir para otra cosa y no sólo a eso.

Cuando doy la explicación al médico de por qué sólo me han hecho un hemograma, me contesta que ha debido ser un error mío, que lo he entendido mal... y yo que no quiero más problemas en mi vida asumo el error. A sabiendas de que el problema no he sido yo ni mis entendederas, asumo el error. A sabiendas de que es más fácil arreglar el problema de la analítica guardando un tubo de sangre de los pacientes durante unas horas, asumo el error. Asumo que la psicóloga no recordara la cita conmigo. Lo asumo todo a costa de mis horas de sueño. El paciente asume todo y pacientemente espera a que le digan algo bueno.