UN PEQUEÑO ADIOS

El jueves de la semana pasada, el día después de la huelga general del 15 de noviembre, mi tío se murió. Se murió, así, con un pronombre reflexivo. Se murió a sí mismo. Se apagó por la noche después de cenar, ver la tele e irse a dormir.

No me gustan otras formas de decirlo. Falleció es muy impersonal y distante. Faltó me parece incorrecto. No faltó, estaba allí. No faltó el respeto a nadie. No dejó de acudir a ningún lado. No estaba ausente, estaba presente. Las personas se mueren, salvo que se suiciden o las maten.

Realmente no pasé demasiado tiempo con él a partir de la adolescencia; no por nada si no porque tampoco es que seamos una familia con mucha tendencia a verse con regularidad. Sé que nació en Vejorís, un pueblo de 140 habitantes del interior de Cantabria (al que dedicó un libro) y cuna de Francisco de Quevedo. Toda la vida le conocí con poco pelo, pero he visto alguna foto de cuando era chiquitín con unos tirabuzones rubios y creo que le sacaban en el Belén del pueblo como Niño Jesús (está bien una sonrisa en estos momentos).

Fumador empedernido durante casi toda su vida y mal comedor, aunque de gustos refinados (aún recuerdo el sabor de los caracoles y del queso de Gruyere). Poco amante del deporte, salvo de los partidos de futbol en la televisión o en algún bar con mis padres y mi tía, y con alguna cervecita.

Se quedó a una asignatura para licenciarse en Filosofía y Letras, ya que en aquella época si alguien se colocaba en algún puesto de trabajo dejaba los estudios de lado. Pero no por ello abandonó lo que le gustaba, pues fué un gran estudioso de Miguel de Unamuno, su vida y su obra.

Creo que fue de esas personas discretas que igual que han vivido se han muerto. No creo que haya más que decir, salvo que... en fin... yo firmaría donde fuese por tener un final así.



MALDITO MIERCOLES

Odio las huelgas generales. Las dos últimas me las he pasado en el hospital. Si no recuerdo mal, la anterior se hizo el 29 de septiembre de 2010, y yo ya llevaba 12 días en el hospital, con una bajada de defensas de caballo, trasfusiones de sangre, ascitis y una supuesta carcinomatosis que se había desarrollado durante el postoperatorio de la cirugía del 12 de agosto... y ese día me ponían el segundo ciclo de quimio de adriamicina.

Dos años después, el 14 de noviembre, yo estoy en casa con un fuerte dolor abdominal, con espasmos cada vez mayores. La doctora que acudió de Sanitas, y con muy buen criterio, no me pudo hacer nada más que recomendarnos ir de urgencias, debido a mis antecedentes.

El problema era qué hacíamos con Héctor. Ya se va haciendo mayor y se va dando más cuenta de las cosas y no quería irse a casa de nadie. Quería estar con nootros.

Al final nos fuimos los tres para allá, en coche porque no me podía esperar a la ambulancia  Me atendieron como siempre, nada más llegar, con la suerte de que además estaban el Dr. Pascual y Amparo Ferrandis. Rápidamente me sacaron sangre, me tomaron las constantes, me hicieron unas placas cuando el olor cedió y la sospecha era una parada intestinal provocada por una PUTA NARANJA QUE ME HABIA COMIDO DOS DIAS ANTES!!!!

La muy estúpida comenzó a salir por el agujero de la tripa. Ya las había comido antes pero no me había pasado nada, pero el que juega con fuego se quema. Me hizo el mismo efecto que cuando comía manzanas en ayunas, que son muy sanas, por la otra punta.

En fin, que la dichosa naranja me ha tenido en ayunas y con suero 24 horas en el hospital, ayer a base de líquidos y hoy puedo tomar purés para mañana poder comer, con cuidado, algo sólido.

Lo peor de todo fue el susto que me llevé. El miedo tan horrible que me entró cuando comencé a oir que no comiera ni bebiera nada y empezaron a buscarme cama en la planta de cirugía. El miedo que pasé en el coche cuando pensaba que era el final. Y algún día ese final llegará, no sé si en forma de dolor, sangrado o fiebre, pero creo que nunca me va a pillar preparada. Ni  mí ni a nadie, por mucho que se tenga aceptada la enfermedad. De cara al exterior pàrezco muy valiente. He desarrollado una gran habilidad para teorizar y comportarme.

Supongo también que el tiempo que pase llorando o quejándome es tiempo que pierdo de pasarlo bien. Aunque últimamente, no sé si por el cambio de tiempo, los días más cortos o qué pero me siento más vulnerable, débil. Pero no quiero parar, no quiero.

PROYECTO AURORA

Como ya he comentado anteriormente, el desarrollo de las redes sociales ha hecho que mucha gente que no se veía en años se haya reencontrado... o haya encontrado trabajo, se haya sentido más acompañado en la lejanía o la enfermedad. Y gracia en este caso a Facebook, mi promoción del colegio Ramón y Cajal de Madrid, nos hemos reunido ya cuatro veces. Yo he acudido a dos de esas reuniones, pero me consta que tanto en esas dos ocasiones como en las dos en las que no acudí, fueron un éxito de crítica y público.

Y cosas que en principio pasarían desapercibidas se han convertido en solidarias. Dos compañeros y una amiga han publicado obras; dos novelas y un cuento solidario. Así, la compra que pudiesen hacer la familia y los amigos más cercanos, se se hizo mas extensa cuando nos lo comentaron a los antiguos compañeros.

Un día, en la sala de espera del IVO (Instituto Valenciano de Oncología), estaba sentado al lado mío un señor que tenía sobre sus rodillas un libro titulado Proyecto Aurora. Me quedé muy sorprendida ya que era el libro que había escrito Luis. Me dirijo al señor y le comento que si por favor me deja echar un vistazo al libro porque lo había escrito un amigo mío del colegio. El señor levanta la cabeza muy sorprendido y me comenta "es mi sobrino".

Una vez más yo no me lo podía creer. Sólo con la cantidad de gente que había allí, la cantidad de gente que hay en aquél hospital y lo grande que es Valencia, ir a preguntar al tío de un compañero de Madrid.

PI, THOMAS Y SARA

Terminada la carrera y pasando algún año más me marché a Málaga unos días a ver a mi amiga Pi, que había sido destinada allí al aprobar unas oposiciones. Además había conocido a una chico al que me quería presentar y al que yo tenía curiosidad por conocer. Nos vamos a su casa y cuando estábamos en el comedor hablamos de muchas cosas y de nuevo volvió a salir la conversación de Santander y los Picos de Europa. Y entonces, en su acento escocés, me dice que él conoce un pueblo por allí llamado Cosgaya y que estuvo allí en la casa de una amiga que se llama Sara. Miro encima de la mesa donde había unas fotos esparcidas y allí estaba, Sara.

Unos años después, Pi y Thomas vinieron a pasar unos días de verano a los Picos de Europa, y una noche tuvieron que pasar a saludar a casa de esta chica, ya que Thomas había estado, en su momento, pasando unos días en esa casa, y además Sara le conseguía bastante trabajo de traducciones. No solo era un compromiso social o de amistad, sino también de interés, y además me parece de lo más normal del mundo. 

El problema era que a mis padres no les gustaba esta familia, por que a no se quién no le gusta y a no sé quién tampoco y a mi madre le parecía horrible que aquél escocés que se comía sus bombones se codeara con aquella gente.

Y una se pregunta: ¿cómo un escocés que vive en Málaga y sale con una manchega amiga de una madrileña, conoce a una chica de Barcelona, cuyos padres viven en un minúsculo pueblo de los Picos de Europa?

Madrid, Barcelona, Ciudad Real y Cantabria enlazadas por un escocés. El mundo es muy pequeño.

GEMA

Creo que fue el mismo año en el que conocí a Dorita cuando conocí a Gema. Estaba saliendo con un amigo conocido mío (Manolo). Una noche de copas comenté que un fin de semana próximo no iba a estar en Madrid pues me iba a Santander a la boda de mi tío. Cuando al continuar la conversación comenté que no se casaba en el mismo Santander si no en un pueblo cercano, en la Vega de Pas, me dijo con gran sorpresa para mi, que su familia era de ese pueblo y que conocía a Rosa (la que se iba a casar con mi tío), pues su tía era vecina suya. No le hice demasiado caso, pues era una chica un poco fantasiosa, pero con el tiempo resultó que sí, que era verdad.