SI SE PUDIESEN CONGELAR LAS IMAGENES...

Una noche de esta semana Héctor se vino a nuestra cama a las 4 de la mañana... y allí se quedó como cada noche que lo hace. Como no son muchas se lo permitimos. Cuando llegó la hora de levantarnos para ir al colegio hacía mucho frío y daba pereza salir de la cama. Me senté en el borde y vi una cara pequeña con los ojos abiertos mirando hacia la ventana y con un esbozo de sonrisa. Sólo se veía eso porque estaba tapado hasta la barbilla. Cuando parpadeó un par de veces comprendí que estaba disfrutando del momento. Era la expresión viva de la satisfacción y el bienestar. Hubiese dado cualquier cosa por parar el tiempo en ese momento y haberme quedado allí, disfrutando. Pero como todos sabemos que los niños no aguantan quietos más de un minuto y medio, salvo que estén enfermos, rápidamente hubo que ponerse en marcha y el hechizo se deshizo.