DALIA

Este es el primer texto que he escrito para un curso online de creación literaria. Sé que es un poco, o un mucho, autobiográfico, pero me ha servido para medir mi nivel y ser criticado por una persona ajena a mi entorno. Al profesor le ha gustado la forma de describir la enfermedad y su diagnóstico (supongo que también para que siga pagando las cuotas del curso je,je...). Espero que os guste.

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Dalia se sentó en su terraza como muchas otras veces había hecho. Al mirar al cielo veía como de vez en cuando pasaba un avión (no obstante el aeropuerto estaba cerca), y no podía evitar fantasear con la idea de que las personas que iban dentro iban a un lugar feliz donde nada malo pasaba. Más que un pensamiento era un deseo lleno de esperanza.

Una voz le sacó de su ensoñación.

- ¡Daliaaaaa! ¿Te encuentras bien? ¡Voy a salir un momento!

Era su hermana que hacía un descanso en sus estudios y aprovechaba para ver a su novio que trabajaba en la panadería de debajo de casa. Hacían una buena pareja. Sonreía al pensar en ellos. Tenían tanto por vivir, por hacer, por disfrutar.

- ¡Sí, Rosa! ¡Estoy bien! Estoy tomando un poco el sol. ¡Vete tranquila y relájate!

Rosa estaba estudiando unas oposiciones para conserje del Ministerio de la Salud y se estaba esforzando mucho. Se merecía ser feliz. Se habían quedado solas muy pronto y Dalia se hizo cargo de Rosa. Pensando en eso volvió a sonreir y se imaginó a sí misma a su edad. Ella también había tenido un presente y un futuro, también se había esforzado, también se merecía disfrutar. Pero el disfrute lo había dejado un poco de lado, siempre después del trabajo, la casa, su hermana, su marido.Tenía aún mucho tiempo para disfrutar... o al menos eso creía.

Un día, sin más, sin un por qué, todo en su interior se rompió. Todo fue muy rápido. Una revisión rutinaria, un aumento de peso sin sentido, una cirugía, un análisis histopatológico... y ya estaba ahí. Lo que siempre les pasa a otros estaba ahí. De lo que siempre se habla y siempre se oye, de repente se siente. Ese cangrejo que siempre leía en su horóscopo en el periódico y le hacía reír por la imaginación de quién lo escribía. De repente Cáncer se escribió con minúscula y cambió la risa por el llanto.

Habían pasado tres años desde aquello y no podía evitar sentir dolor cada vez que miraba a esas personas a las que tanto amaba y a las que quería evitar el sufrimiento a todo trance. Su marido estaba fuera casi todo el día trabajando. Era su hermana la que más tiempo pasaba en casa, la que más compañía le hacía aunque estuviese la mayor parte del tiempo en su habitación estudiando o en la panadería con su novio. Cada vez que la veía pintarse los labios en el cuarto de baño para irse a la calle intentaba transmitirle mentalmente la idea de "vive este momento, vive cada momento, vive..."

Oyó cómo se cerraba la puerta del portal. Otro avión atravesó el cielo por encima de ella y volvió a desear que las personas que iban dentro fuesen a un lugar feliz donde ella llevaría un día a quienes quería.

NOCHES DE VERANO EN MADRID

Esta mañana, mientras paseaba con el perro, me han venido a la cabeza las noches de verano en Madrid. No sé por qué, pues hoy el día se ha levantado gris y fresco. No tanto como ayer, que era gris, frío, lluvioso y hasta desagradable. Hoy era solo fresco y gris.

Las noches de verano en Madrid son muy agradables en general, pero yo me acordaba de las que había pasado yo en la época de la facultad y después, cuando estábamos a la búsqueda de trabajo y dinero. Era la segunda mitad de la década de los ochenta y principios de los noventa y la mayoría estábamos viviendo una especie de adolescencia tardía. Nos habían quedado asignaturas para septiembre, o hacíamos trabajos de sustitución cuando los demás se iban de vacaciones. Teníamos poco dinero y vivíamos con nuestros padres muy a nuestro pesar. Y siempre estábamos quejándonos de algo: el trabajo, el dinero, los amigos, las parejas que teníamos o que no teníamos pero queríamos tener. Sobrevolaba sobre nosotros una nubecilla negra... pero que agradable era sentarse una noche de agosto en una terraza de verano con una cerveza a hablar de lo humano o lo divino o las dos cosas mezcladas.

Ahora creo que aquella lánguida tristeza que nos invadía mezclada con la calidez de aquellas noches nos ha hecho fuertes, buenos y listos. Aquellas noches se han quedado en un rincón de mi cabeza y por algo han salido hoy, precisamente hoy. Hoy que es el día después de ayer y anteayer, días en los que me he levantado con una sensación de felicidad nada común en mi vida. Durante este tiempo en el que tantas cosas malas y buenas me están pasando, los días que me sentía mal intentaba rememorar el periodo de mi embarazo, periodo en el que me encontraba muy bien. Y ahora resulta que tengo otro momento en el que refugiarme en los días malos.

Como dicen por ahí "he salido más noches que el camión de la basura" y ahora puedo decir que ese tiempo no fue mal invertido, ni mucho menos. Quién no haya probado que lo haga. Aún está a tiempo.