DESILUSIÓN...

Hoy es uno de esos días en los que me invade la tristeza. Ha amanecido bien, todo ha ido bien por la mañana, pero cuando he llegado a casa y me he encontrado la ropa tendida esparcida por el suelo y las pinzas mordisqueadas me ha dado un bajón. Supongo que es normal, que hay situaciones que hacen que se abra la compuerta y por ahí salga toda la tristeza y la ira acumuladas. Aún estoy sujetando la puerta para que no salgan, pero no sé si tengo bastante fuerza.

Tanto esfuerzo a lo largo de la vida para que luego ésta me devuelva rencor, desprecio, pasividad, enfermedad. A muchas de estas cosas ahora las llaman conflictos emocionales o el resultado de conflictos emocionales, resueltos o no. Y, digo yo, ¿cómo se resuelven esos conflictos? Yo estoy dispuesta a perdonar, tolerar, respetar, a no mirar atrás, a comenzar de cero. Pero cuando el origen del conflicto vive en casa, llama por teléfono, ve la televisión, viene un fin de semana, desayuna, come, cena conmigo. Cuando el origen de el conflicto son las personas con quienes convivo o he convivido, a quienes quiero tolerar, perdonar y con las que quiero seguir adelante. No deseo que cambien, al menos si ellas no quieren.

El problema es que no están dispuestas a escuchar mi discurso. No sé si están dispuestas a tolerar, perdonar y respetarme, en cuyo caso el conflicto no sólo no se resuelve, sino que se alimenta con nuevos matices

Qué duro es no poder hablar de esto más que con un ordenador, un psicólogo o un amigo, y no con las personas implicadas, pues puede ocurrir que en un principio todo sean compromisos escritos en hielo, o se sientan acusados en falso y por ello recriminen ellos mi actitud, ya que han hecho tanto por mí y yo sea una desagradecida.